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CUARTILLAS
Sembrar
 
Milciades A. Ortiz Jr.
Colaborador
Aunque nací en la ciudad capital, siempre me ha interesado el campo. Tal vez porque mi padre trató de "hacerme un campesino", y en el viejo huerto de la casa de Calle Primera, Parque Lefevre, hizo que sembrara numerosos productos. Papá decía que el hombre del campo nunca se moriría de hambre, "porque estaba parado sobre comida," ya que la tierra da alimentos. En realidad, mi papá fracasó en dos cosas conmigo: no logró que aprendiera a sembrar comida y mucho menos, que le cogiera amor a la actividad comercial. (Recuerdo que las cometas que vendía cuando niños, la mayoría de las veces no me las pagaban; los mangos que llevaba a la tienda de Pepín Suárez, tampoco era buen negocio. Menos mal que me dediqué al periodismo y al profesorado universitario). Luego de comentar que no creo en los datos estadísticos sobre la enorme pobreza, que dicen los expertos hay en el campo panameño, he recibido informes a favor y en contra. Siendo un periodista objetivo, debo señalar ahora algunos inconvenientes que sufre nuestro campesino para sembrar comida. En primer lugar, me advierten que no son dueños de la tierra. Bueno, pueden sembrar incluso en tierras del gobierno o ajenas, si las arriendan. También me dijeron que la mayoría de nuestros hombres del campo no saben sembrar. Parece que no hay mucha tradición de cultivadores en los campesinos panameños. Mientras que en Europa o Asia el abuelo enseña al hijo a sembrar y éste al nieto, aquí no saben seleccionar semillas, ni cuál es la tierra más adecuada, o cómo combatir las plagas, etc. (Aquí hace falta mucha ayuda del gobierno para enseñar a los campesinos a sembrar de manera adecuada y puedan obtener buena cosecha). Aparte de esta realidad, hay otros hechos que incluso podrán mover a risa, pero que para el campesino son verdaderas calamidades. Uno de ellos es el robo. Varios ex campesinos me hablan de robos que los hicieron desistir de seguir cultivando la tierra. Existe desde el robo del maíz por gente a caballo y con escopetas, hasta el llamado "bicheo", que consiste en robarse la gallina del vecino para hacer sancocho. "Yo no iba a buscarme un balazo ni tampoco a cometer una tragedia, así que decidí no sembrar más maíz", me dijo hace años un ex campesino de tierras cercanas a San Carlos. Otra curiosidad alegada para no tener gallinas, es que las "zorras" se las comen. Mi tío Vicente Lapadula (q.e.p.d.), en Parque Lefevre tenía perros para corretear las zorras que se comían gallinas, pollitos y huevos. Los gatos salvajes también entran en este daño a la cría de aves. Parece que esos "depredadores" animales desaniman al campesino a tener gallinas, patos, palomas, etc. y consumir carne y huevos (¿Será esta la razón por la cual los indios panameños comen un huevo al año, como promedio?). A veces el campesino no come lo que siembra. No comen tomates, lechuga, repollo, apio ni zanahoria, porque como me dijo uno hace treinta años, "no somos conejos y necesitamos comida fuerte para el estómago". Los que siembran para vender su producto se encuentran con el problema del intermediario, que les compra a bajo precio y no ganan casi nada. Y les compran cuando hay carreteras, porque en invierno es común encontrar pueblos aislados por el lodo. Entonces se pierden las cosechas porque nadie las puede comprar. Añada a estos las enfermedades de las siembras, lo caro que son los abonos y pesticidas para aceptar que no es rentable sembrar en Panamá. Siendo este el panorama que me han comentado, ¿entonces hay que resignarse a que nuestros campesinos se mueran de hambre? ¡Ajo!
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