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EDITORIAL
Inundaciones
Al menos el país tiene dos estaciones o periodos establecidos en todo el año. La época seca y la lluviosa, la cual permite hacer planes para aprovechar los días soleados en familia, por un lado, y comprar algún impermeable para protegernos de los torrenciales aguaceros, por el otro.
No hay que ser ningún científico para decir que la temporada de lluvia inicia finalizando el mes de marzo y que ésta termina en los últimos días de noviembre o los primeros días de diciembre. Esto está muy claro. Lo que no es transparente para la ciudadanía y causa mucha sorpresa es que, en pleno mes de noviembre, un torrencial aguacero nos inunde las calles como en los peores días del mes de mayo.
¿Qué está pasando? Es la pregunta del millón. La respuesta de siempre: La gente tira basura a la calle, los drenajes se obstruyen y, al final, los sistemas no funcionan.
Estos son los mismos comentarios que se emiten en cada medio de comunicación cuando a las autoridades se les cuestiona, pero, cuando surge otra tesis de la verdadera causa de las graves inundaciones, los oídos de los funcionarios se tapan de la misma forma en que dicen que le ocurre a los drenajes de la ciudad.
Expertos en materia urbanística han apuntado con el dedo índice que la proliferación proyectos individuales que están haciendo uso de los espacios abiertos y la ausencia de una autoridad urbana que se encargue de hacer una planificación de la ciudad inciden en que estas cosas ocurran.
Le mejor fórmula para corregir los males de la urbe es escuchar y tomar nota de los que sí conocen la materia. Hay que actuar de inmediato porque es ahora que se necesitan las soluciones. Actuar con lentitud significaría acumular males para el futuro.
Ojalá aprendamos de las lecciones que nos da la madre naturaleza. Escuchemos bien el sonido de las aguas que reclaman menos concreto y mayor espacio para correr. El tiempo de actuar es ya.
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PUNTO CRITICO |
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