 |
La doctora Domínguez, viendo con nostalgia el mapa de su tierra natal, recuerda su infancia en la región rural de Guabo en Santiago de los caballeros.  |
Cuando visualicé esa imagen me sorprendí. Al ver a aquella mujer quien nos saludó con tan fuerte temple de voz quedamos extasiados. La cónsul de República Domini-cana en Panamá, Francisca Otilia Domínguez, a sus 85 años mantiene un espíritu semejante a un roble y una jovialidad envidiable por muchas quinceañeras.
Esa fuerza y dinamismo la desbordó en su nueva producción poética, Granito de Amor, que presentará esta noche en la Biblioteca Nacional. La misma, según la escritora, es un homenaje de hija para Panamá.
Esta, su tercera obra, será presentada por el Círculo de Lectores de la Universidad Católica Santa María La Antigua. Agrupación esta a la cual pertenece la doctora Domínguez, desde que llegó a Panamá hace dos años.
En una conferencia muy informal y divertida, la tierna dama, madre de ocho hijos, presentó a los medios Granitos de Amor. El orgullo que reflejaban sus ojos era mayor al de una madre cuando bautiza a un hijo.
A diferencia de otras presentaciones, la autora compartió desde el primer segundo con el selecto grupo. Contó sus anécdotas y no titubeó para expresar su emoción al ver el consulado dominicano lleno de entusiastas periodistas. Y es que el que llegó a esa sala triste, salió con una sonrisa de "canto a canto en su rostro", gracias a la energía que esta mujer desbordaba.
LOOR A UN BUEN PUEBLO
"Este libro es netamente de sangre panameña. Inspirado en gente de este carismático pueblo y en sus espectaculares paisajes", mientras se paseaba por la sala nos decía a todos como si fuéramos sus "nietecitos" y ella, la abuela que contaba un cuento. En el mismo podemos deleitarnos con tres poemas dedicados a panameños que con su bondad y caridad le robaron el dulce alma de esta abogada ejemplar.
El primero es un regalo para Nilka, la secretaria el Consulado dominicano, a quien le agradece infinitamente por sus dedicaciones y por su ejemplar y desinteresada colaboración. No pudo aguantar las ganas y nos presentó a aquella mujer, quien en medio de papeles y enredos secretariales, nos saludó.
El segundo es un obsequio para el Dr. Rubén Orillac, oculista panameño quien le salvó la vista. Ella lo describe como un instrumento de Dios. El mismo es titulado Apareciste tú y en el mismo destaca cómo, desde que el doctor Orillac apareció, su dolor desapareció. Un "gracias" cargado de mucho amor se observa en el poema.
El tercero, Vendedora de la Vía Brasil, es una dádiva para María. Esta mujer le robó el corazón a la Dra. Domínguez, cuando la observaba diariamente, en su camino hacia el consulado, vendiendo toallitas y tarjetitas en la Vía Brasil. La describe como una menuda vendedora, con la cabeza cubierta por una gorra, gafas negras, un mandil y una caja llena de productos. Con voz de satisfacción por lo realizado, la escritora nos cuenta que veía a la vendedora todos los días hasta que un día la interceptó y le preguntó sobre su afanada vida. Se sorprendió al saber que la misma era peruana y que tuvo que dejar a una de sus hijas en su tierra natal y que la otra estaba terminado una carrera universitaria.
"Me atreví a entregárselo a ella, y al día siguiente estaba más hermosa, con una sonrisa como si los reyes magos la hubieran visitado. Cuando se acercó al carro me dio las gracias y sentí como unida a la humanidad entera", nos confesó en una caricia llamada susurro.
¿PORQUÉ UNA DIPLOMÁTICA EN LAS LETRAS?
"Yo tengo mucha sensibilidad, pero la que escribe no es Francisca Otilia, no es este cuerpo feo y chiquito, es la esencia de Dios que hay dentro de mí", dándome un manotazo me dice en confianza. "Es necesario comprender el dolor y la necesidad humana, ya que esto te acerca a Dios. |