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Una constante en las actuaciones del Gobierno es la tibieza... que es lo mismo que la mediocridad. El escándalo de las cédulas es una muestra de lo que intentamos decir. Cuando se hizo público el hecho, la reacción fue de perplejidad de casi todos, incluidos -así lo queremos pensar- los funcionarios del Tribunal Electoral. Pero ahí quedó todo. No se ha demostrado un verdadero interés por llegar al fondo del asunto, una seria persecución de quienes pudieran estar involucrados en un posible ilícito.
Faltó energía, acción, no se volteó patas arriba el sistema de cedulación buscando una explicación que tranquilizara a la ciudadanía. Por parte de los investigadores no hubo ni arrestos de personas de mayor nivel (sólo un colombiano tal vez de mando medio) ni se ha sacudido el país con pronunciamientos serios.
Pero es que ni siquiera para afectar la percepción de la gente. No han hecho nada de valor, aunque sea por cuestión de imagen.
Lo que se proyecta es poca seriedad, lentitud, apatía, modorra. Sólo tenemos la palabra de unos funcionarios que aseguran que no hay posibilidad de que este hecho quiera decir que se proyectaba un fraude electoral. ¿Y si las cédulas las estaban usando para venderlas a extranjeros que querían nacionalizarse ilegalmente, como en tiempos de Torrijos y Noriega? Silencio. ¡Qué poca seriedad, señores! |