CRITICA EN LINEA 

 

S E C C I O N E S

EPASA EN LINEA

PANAMA AMERICA

DIAaDIA EN LINEA

REVISTA SIETE!


primera plana

portada

al cierre

nacional

política

opinión

el pueblo habla

comunidad

provincias

deportes

el mundo

viva

contacto

sucesos

 

CRITICA
 
FAMILIA
  OPINIÓN


¡Dame, hija mía, tu corazón!

Hermano Pablo | Reverendo

Fue una espera de cuatro años. Una espera que se convierte en angustia, pesadumbre y agonía. Chester Szuber, de 58 años, soportó cuatro años esa espera. ¿Qué esperaba? Un corazón. Szuber, que padecía del corazón, estaba a la espera de un donante.

Szuber nunca pensó quién podría ser el donante. Sabía que quien donara el corazón tendría que morir, pero nunca se imaginó quién podría ser.

¿Quién, por fin, donó el corazón? Una señorita de 22 años. Su nombre: Patti Szuber. La donante fue su propia hija, Patti, estudiante de enfermería. Patti murió en un accidente automovilístico, y fue el corazón de ella el que fue trasplantado al pecho de Chester. Patti era la menor de seis hijos, y toda la familia aprobó el trasplante. El padre podría vivir normalmente muchos años más llevando en el pecho el corazón de su hija.

He aquí un caso conmovedor. El padre pudo seguir viviendo porque su hija murió. Toda esa amorosa familia unida pudo entonces hallar consuelo diciendo: «Patti no ha muerto del todo. Su corazón sigue latiendo en el pecho de nuestro padre.» Es como si ese hombre, aunque jamás se le hubiera ocurrido hacerlo, le hubiera suplicado a su hija difunta: «¡Hija mía, dame tu corazón!»

Eso es precisamente lo que dice la Biblia. La súplica se encuentra en el libro de los Proverbios. Dice así: «Dame, hijo mío, tu corazón y no pierdas de vista mis caminos» (Proverbios 23: 26).

Así como Dios inspiró al sabio maestro a que hiciera en los Proverbios, ahora se dirige a todos nosotros y nos ruega: «Dame, hijo mío, tu corazón.» Dios es un Padre amoroso, afectuoso y tierno, y como tal nada le satisface más que poseer el amor, la devoción y el compañerismo de sus hijos. Esa súplica lo dice todo: «Dame, hijo mío, tu corazón.»

Dios no es un ser insensible, con corazón de piedra, que sólo desea condenarnos y castigarnos. Al contrario, Dios es Amor, y como es amor Él busca quien lo ame. Es por eso que clama de lo más profundo de su corazón y nos suplica: «¡Hijo mío, dame hoy tu corazón!»

Cuando nos sometemos al señorío de Cristo, es como si estuviéramos dándole nuestro corazón. Ese es el primer paso hacia una vida nueva, una vida de amor, de paz y de justicia. Démosle nuestro corazón a Cristo. A cambio Él nos dará la salud espiritual que tanto necesitamos. Démosle hoy nuestro corazón.



OTROS TITULARES

"Panamá Soberana"

Sin embargo, si no hay guaro no hay fiesta

Barack Obama

Infiernillo Político

Alcanzamos por fin la victoria

¡Dame, hija mía, tu corazón!

Periodistas

 


 

  




linea
linea gris
 

   copyright © 1995-2008, CRITICA EN LINEA
todos los derechos reservados