El triunfo de Barack Obama ha generado muchas expectativas. No podemos predecir cuál ha de ser el rumbo del nuevo Gobierno durante los primeros meses, pero sí se puede percibir cuáles serán los puntos sobre los que se fijará su atención: la economía, la seguridad social, las relaciones exteriores, la educación, la migración y la guerra en Iraq y Afganistán.
Pero, después de tan apoteósico triunfo, del tan esperado cambio histórico ¿qué se puede esperar? A Obama le toca corresponder a la confianza de sus electores y llenar las esperanzas del mundo, después de la catastrófica administración de George W. Bush, una gestión belicosa, arbitraria, mentirosa y fanática.
Por una parte, la economía de los Estados Unidos se encuentra en pleno retroceso, casi en el piso. La intervención del Estado en los asuntos financieros ha sido considerada una forma de intervencionismo parecida a las iniciativas de corte socialista.
Para hacer reflotar este sector se hace necesario obtener mayores ingresos fiscales. Esta sería apenas una de las fórmulas que podrían ser contempladas por los expertos. Sin embargo, el recientemente elegido Presidente de Estados Unidos ha manifestado su oposición a aplicar mayores obligaciones de esta naturaleza a la clase media.
Esos ingresos deberán provenir de fuentes no tradicionales y no sería descabellado imaginar el regreso de las tropas afincadas en Oriente Medio y Asia Central con lo que se podría recuperar los recursos destinados a actividades bélicas, que suman unos $850 mil millones.
Esto supondría un riesgo para Obama, ya que reducir los gastos destinados a la defensa podría convertirse en el dínamo que reactivara los movimientos terroristas en todo el mundo. Igualmente, crearía insatisfacción en el engranaje industrial-militar.
Apenas, son estos algunos razonamientos, pero si Obama no logra realizar los ajustes necesarios, todo el sistema capitalista estará en riesgo de colapsar.