|
EDITORIAL
Aumento del costo de la vida en Panamá
El Ente Regulador terminó de hundir el puñal en las cansadas espaldas del pueblo panameño cuando confirmó, a mitad del largo asueto que dictaminó el gobierno por los días patrios, que la tarifa de energía eléctrica aumentará. Por cada diez balboas que se pagan actualmente por el servicio de energía, el consumidor tendrá que agregar a partir de enero del 2000 entre un dólar y un dólar con cuarenta centésimos como incremento. A esta mala noticia hay que sumarle la alta tarifa que ya se paga por el servicio de telefonía; mientras que los funcionarios de gobierno ya advirtieron que es muy posible que a partir del próximo año (también desde el nefasto enero) las cuentas por el agua potable suban de precio, o por lo menos se tendrá que soportar la creación de una nueva obligación: el pago por el servicio de canalización de las aguas servidas. Si a todo esto se le agregan los costos elevados de la canasta básica familiar, en la que no se toma en cuenta el incremento en los pasajes que cierto tipo de transporte público ha aplicado arbitrariamente, ni los altos precios de los útiles escolares; si se agrega todo esto, decimos, veremos que la situación para el panameño común se pinta dolorosa y agobiante para el próximo año. ¡Y qué decir de los servicios de salud! Por un lado son costosísimos en el ámbito privado, e ineficientes en el público. Y un servicio ineficaz es tan oneroso como uno bueno, pero caro, cuando una pléyade de pobres no lo puede pagar. Ese es, gris y amargo, el panorama que abre sus brazos para el pueblo panameño en el nuevo siglo. Le corresponde a los gobiernos, presente y futuros, detener esta nefasta rueda de la mala fortuna. Igual responsabilidad tienen quienes controlan las fuentes de riqueza, porque si no lo hacen las lamentaciones no alcanzarán para tanta intranquilidad social que se avecina, y todos, todos, seremos perdedores. No criticamos el cambio hacia una economía sana, moderna y competitiva. Pero no puede dejar de ser humana. El precio a pagar no puede ser la paz y la estabilidad de todo un pueblo que merece oportunidades. Hay que recordar que el mayor activo de un Estado no es su territorio ni la cantidad de oro en el banco ni su potencial militar: una nación se define y determina su futuro gracias a los esfuerzos de cada uno de sus hijos. Un país logra sus metas única y exclusivamente por el empeño y creatividad de su gente. Pero no podrá ser así en Panamá, si los organismos de poder ahogan al pueblo y lo sumen, inmisericordemente, en la pobreza.
|
PUNTO CRITICO |
 |
|