"Yo envidio a mi hermano Kevin. Él cree que Dios vive debajo de su cama. Al menos, eso fue lo que le oí decir una noche. Él estaba orando en voz alta en su cuarto, a oscuras, y yo me detuve para escuchar al otro lado de la puerta cerrada: "Dios, ¿estás ahí? -preguntó Kevin-. ¿Dónde estás? Ah, ya veo dónde: debajo de la cama."
"... Kevin vive en un mundo muy diferente. Nació hace treinta años, con retraso mental a causa de dificultades en el parto. Salvo su estatura de un metro con ochenta y cinco centímetros, hay poco que lo distingue como adulto. Él piensa y se comunica al nivel de un niño de siete años de edad, y de ahí no pasará. Sin duda, siempre creerá que Dios vive debajo de su cama... y que los aviones se mantienen volando en el aire porque hay ángeles que los sostienen.... ¡Qué dicha la de Kevin los sábados... en que papá lo lleva al aeropuerto para tomarse una gaseosa, ver los aviones aterrizar, y adivinar en voz alta, mientras aplaude con emoción, el destino de cada pasajero que llevan...!
"... Kevin lleva una vida sencilla. Nunca han de preocuparlo las complicaciones de las riquezas y del poder. No le importa la ropa que viste ni la comida que come.... Le encanta trabajar, .... Termina toda tarea que emprende... pero luego sabe cómo relajarse.... Tiene un corazón puro. Todavía cree que todos dicen la verdad, que las promesas hay que cumplirlas, y que cuando uno se equivoca, debe reconocerlo y pedir disculpas. Libre de toda vanidad y del qué dirán de las apariencias, a Kevin no le da vergüenza llorar cuando se siente lastimado, enojado o triste. Siempre es sincero. Y confía en Dios... se le acerca como niño... seguro en su fe sencilla."
Esta tierna reseña biográfica escrita por un autor desconocido nos recuerda el refrán que dice: "Los niños y los locos dicen las verdades."1 Según el Diccionario de Uso del Español de María Moliner, los especialistas de la antigüedad denominaban "idiotas" a los de edad mental de menos de dos años, "imbéciles" a los que tenían entre dos y siete años, y "tontos" a los que tenían entre siete y doce.
"Los niños y los minusválidos mentales dicen las verdades." Y sería más cierto que nunca, sin ser peyorativo.