Los disturbios callejeros se extienden a lo largo de la periferia de París y con ellos la preocupación general por un fenómeno que hasta ahora no ha podido ser atajado y al que no se ve un final fácil, mientras el Gobierno continúa con iniciativas para resolverlo.
En la séptima noche de violencia consecutiva se dieron numerosos hechos de vandalismo contra comercios y vehículos y agresiones dirigidas contra la Policía y los bomberos, que han tenido que intervenir en numerosas oportunidades.
En todos estos incidentes se ha producido la quema de 177 vehículos y numerosos contenedores, mientras que veintinueve personas han sido detenidas.
La situación se ha agravado porque los incidentes se registran en un mayor número de lugares y porque aumenta su violencia.
La Policía ha señalado que en localidad de La Courneuve un desconocido ha efectuado dos disparos contra agentes antidisturbios, aunque nadie ha resultado alcanzado, mientras que de otros dos tiros de arma de fuego hay pruebas en Noisy-le-Sec y Saint-Denis.
En otros puntos del París septentrional la situación ha sido tensa, como en Aulnay-sous-Bois, donde se ha producido el saqueo de unas dependencias de la Policía.
Todos estos sucesos tienen su origen en la muerte accidental de dos adolescentes, electrocutados en un transformador eléctrico de Clichy-sous-Bois, el pasado 27 de octubre, y cuyas familias han presentado una denuncia contra desconocidos por no asistencia a personas en peligro.