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Tumba

Milciades Ortíz | Catedrático

Mi padre fallecido hace veintitrés años no tiene tumba...

Meses antes de morir dijo a sus hijos que tomaran sus cenizas y las lanzaran al río Mataznillo, en el sector que desemboca en la Avenida Balboa.

Su explicación fue práctica. "Yo no quiero que mi tumba sea un problema para mis hijos. No deseo que alguno le moleste por el pago de la anualidad, cuidado de la tumba, etc. Si me quieren recordar no tienen por qué tener una tumba en un cementerio".

Durante veintitrés años he pasado centenares de veces por ese sitio... y recuerdo a mi padre, con sus virtudes y defectos.

Claro que esa acción no fue la más adecuada. No recomiendo que otros la hagan. Lo cierto es que cuando leo que miles de balboas se adeudan en los cementerios, recuerdo la voluntad de papá de no permitir que sus hijos tuvieran alguna molestia por sus restos.

Después de todo, una tumba por más bonita que sea, no es garantía que los deudos recordarán a su difunto. A veces, visitar un cementerio es ver tumbas llenas de hierbas, sin pintura ni flores.

Existen personas que solamente visitan a sus difuntos el dos de noviembre. El resto del año no los recuerdan....

Cuando era niño ese día era todo un acontecimiento. La abuela y sus hijas visitaban la tumba del abuelo en el Cementerio Amador.

Los primos a veces solamente nos veíamos en esa ocasión. Niños al fin, pronto queríamos corretear por el lugar. Esto provocaba miradas fulminantes de nuestros mayores, y uno que otro llamado de atención.

Realmente los chiquillos no comprendíamos los rostros serios de nuestros padres, ni las lágrimas que asomaban a sus ojos al hablar del difunto.

Con los años se fueron agregando a los desaparecidos algunos tíos. Ya no éramos tan chiquillos y comprendíamos la solemnidad de la ocasión.

Ha pasado más de medio siglo de estos momentos y poco ha cambiado en las actividades del Día de los Difuntos.

Recuerdo las tumbas recién pintadas, con su olor a pintura de agua. Los ramos de flores que ponían los deudos con amor, en la tierra que guarda los restos de sus parientes.

Al pasar de las horas, no era extraño que algún aViva, Crítica en Líneato se robara una corona para venderla por nos cuantos balboas.

El Día de los Difuntos debe ser de recordación y de regocijo a la vez. Regocijo por haber tenido esos parientes que nos dieron el milagro de la vida...



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