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Entramos al Siglo XXI sorprendidos por cambios en una sociedad moderna y "globalizada" que, por ese libre e indiscriminado trasiego de ideas y costumbres mundiales, corre el gran peligro de perder el sello distintivo de lo auténticamente panameño.
Es en estos momentos cuando nos harán falta figuras como Antonio "Toño" Díaz, cuyo nombre será ley al hablar de panameñidad. Hombre de letras, tuvo la oportunidad de lidiar con gran habilidad los sucesos y la gente más trascendentales que en los últimos 40 años moldearon la historia de este pequeño país, al que conoció desde sus raíces más profundas.
Y lo conoció investigando, buscando en cada una de las manifestaciones vernaculares, lo que nos hace diferentes al resto de los terrícolas; queriendo y acariciando la mejorana, el acordeón; peleando desde su trinchera, las letras, porque se respetaran las tradiciones que tantas alegrías y amores le regalaron.
Uno de los sueños recurrentes de este gran investigador típico fue lograr la publicación de un suplemento especializado en folclor, que incluyera una completa cartelera de eventos en la que se destacara la música de acordeón, los juegos de toros, las lidias de gallos, cantaderas y toda actividad propia de la campiña interiorana nacional.
Ese anhelo de "Toño" se cumplió cuando ya él había dejado la trinchera de este diario, pero siempre con su asesoría y atinada corrección. Gracias al apoyo de este documentado periodista amante del folclor, Nuestra Tierra es hoy una realidad.
Hoy, "Toño" no se encuentra, pero nos dejó la tarea de luchar contra todo aquello que intente allanar el largo camino que debemos seguir los panameños en busca de nuestra verdadera identidad. ¡Hasta luego, "Toño"! |