Mientras el pueblo panameño aún no se recupera de la doble tragedia que ha cobrado la vida a decenas de personas en los últimos días, nuevamente nos encontramos con el ajusticiamiento de un hombre al parecen involucrados en el trasiego de drogas.
El creciente poder de las bandas de narcotraficantes en Panamá y su influencia en la sociedad es tal que en cualquier lugar y a cualquiera hora se puede producir un asesinato relacionado a esas actividades ilícitas.
El reciente ajuste de cuentas ocurrió en Hato Pintado, en plena luz del día. Panamá es un Estado con perspectiva positiva en el desarrollo de proyectos futuros. El previsto "boom" económico dentro de los próximos años convertirá a nuestro país en un sitio apto para hacer negocios, realizar turismo e invertir.
Empero, la sombra tenebrosa de los delincuentes, que también ven a este país como un centro neurálgico para sus fechorías, pueden afectar en gran medida el progreso de toda la nación.
Un informe publicado por el Departamento de Estado norteamericano fue muy claro en recalcar que el Istmo es paso obligado de comercio de estupefacientes, del tráfico de indocumentados, de la trata de mujeres y el contrabando de armas a zonas de conflicto.
¿Y qué hacen las entidades de seguridad pública ante esto?. Quizás hacen lo suyo, pero es insuficiente. Los capos de la droga y los criminales incluso llegan a desafiar a jueces, investigadores policiales y directivos del sistema judicial, dejando un mal precedente.
La delincuencia sigue aumentado y urge tomas medidas para frenarla. Así como vemos operativos contra los transportistas, sería bueno observar que la PTJ y la Policía Nacional comenzarán a efectuar pesquisas contra los capos buscado por la justicia.