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El actor Arnold Schwarzeneger ganó la gobernación de California ante el asombro del mundo y frente a toda lógica política, siendo un candidato que no hizo propuesta ni presentó soluciones, saliendo a relucir su manía de acosar a las mujeres.
Schwarzeneger, actor taquillero pero de poca calidad interpretativa, nos lleva a concluir que en los Estados Unidos también hay una crisis de identidad en sus ciudadanos y una carencia de autoridad de los políticos, donde existen muchos latinoamericanos, en especial mexicanos, que no pudieron frenar el triunfo del artista y favorecer a su entorchado Cruz Bustamante.
Es más, se dice que seguirán otros taquilleros de la pantalla en la lista de los candidatos, donde quizás no sobrarán los hombres del humor en puesto electoral, esta experiencia no es nueva en América Latina, donde en vez de hombres del arte, han aparecido militares escogidos por elección, con los resultados que vamos conociendo.
Se destaca, según información, de la admiración del artista por el detestable y racista Adolfo Hittler, quizás por su origen austriaco, lo que se refleja en la creación en sus películas de un superhombre capaz de todo.
Lo cómico es que uno de cada tres hispanos con derecho al voto lo escogieron, sin saber que han sido partícipes de la creación de quien anticipamos será un tirano. Veremos el desarrollo de su gobernación y su final, que prevemos, como los analistas en idioma español, que no le dan mérito, ni ningún favor a la reelección de George W. Busch.
La política debe ser regida por la bandera de lo social y no por un exterminador, que responde a una concepción destructora, quizás porque en su fuero interno podría ser un fascista que puede encontrar inspiración de los genocidios nazi.
Es bueno que este devastador del celuloide sepa que no le será fácil resolver los problemas económicos de California y que se encontrará frente a líderes de las minorías étnicas, en especial la de nuestras regiones, que darán una gran batalla si pretende aplicar el racismo. |