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REFLEXIONES
Rescatemos nuestros museos

Carlos Cristian Sánchez
Lo admirable de otras culturas, a parte de su desarrollo político y económico, es el afán de proteger los legados adquiridos por la Historia. La cultura autóctona y las tradiciones foklóricas son los cimientos de una sociedad fuerte, con identidad propia dentro del concierto de las naciones. Una pirámide de cristal se eleva sobre el Museo de Louvré en París, Francia. Miles de objetos artísticos nacionales e internacionales se exhiben en sus galerías, lo cual también genera ganancias para el turismo interno del país galo. En México, el Museo Antropólógico no se cansa de promover los recuerdos del Mundo Mesoamericano, la cultura maya y azteca. Caso contrario es nuestro Panamá de hoy. Muy poco se hace por incentivar en los ciudadanos la motivación por proteger los sitios que muestran las obras de arte, demás de las reliquias indígenas de los primeros istmeños que vivieron en el centro de la América precolombina. Allí esta pues el Museo Reina Torres de Araúz, el cual es un verdadero monumento de la desidia de pasadas administraciones públicas. Localizado en la Plaza Cinco de Mayo, la estructura dista de ser un lugar adecuado para promover el intelecto humano. Desdibujado por la sociedad en su fachada frontal, lleno de afiches políticos pasados de moda, el museo es en la actualidad un refugio para los orates y delincuentes, quienes se aprovechan de la sombra nocturna para habitar en sus linderos o hacer sus necesidades fisiológicas, además, de amenazar a los que caminan por las cercanías del museo. ¿Y qué decir de las obras de arte que están dentro del edificio? Gran parte de las mismas están archivadas y en cajas, esperando en el sueño eterno hasta que llegue un benefactor o "mecenas", que se apiade de este desorden. Por suerte, la Embajada Alemana ya ha dado un incentivo financiero para hacer una exposición de los Guerreros Indígenas, algo loable que tendrá un costo aproximado de 48 mil dólares. Por otro lado, no podemos menospreciar el esfuerzo sobrehumano de ilustres panameños que intentan rescatar el amor por el arte. También debemos felicitar a los maestros y directores de los colegios que llevan a los estudiantes a los museos, con el fin de cultivar el interés por el arte y las tradiciones, además de la educación. No puedo olvidar la alegría que sentí cuando observé a los niños de una escuela primaria que visitaban el Museo de Ciencias Naturales, ubicado en la Avenida Cuba. Las nuevas generaciones deben ver incluso los factores naturales que permiten la vida del hombre sobre el mundo y la coexistencia armoniosa con la vida animal. Los Museos del Canal Interoceánico y del Hombre Contemporáneo tampoco dejan de ser visitados por los curiosos. Aunque en menos medida que en otros países. Una recomendación sana sería hacer campañas públicas más atractivas, que generen actividades sociales benéficas, para recoger los fondos necesarios en el cuidado y mantenimiento de las obras de arte. No nos olvidemos de los aportes de naciones amigas que tienen institutos y sociedades académicas interesadas en cooperar en el rescate de los monumentos artísticos. Por suerte, los dos alcaldes capitalinos recientes, tanto Mayín Correa como Juan Carlos Navarro, no han cesado en sus objetivos de ayudar en la reconstrucción de edificios antiguos, los patrimonios de la Nacionalidad Istmeña y el perfeccionamiento de las instalaciones destinadas para las exhibiciones culturales. Con la nueva administración gubernamental y la atinada designación del Profesor Rafael Ruiloba en el Despacho Superior del Instituto Nacional de Cultura (I.N.A.), aumentan las expectativas para mejorar la promoción de las obras de arte, la enseñanza literaria y el desarrollo intelectual de los panameños. Empero, hay una gran barrera que impide avanzar en el rescate de la cultura nacional.
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