La aparición del Síndrome de Parálisis e Insuficiencia Renal Aguda (PIRA) ha conmovido no solo al país sino a todo el mundo, porque al aparecer una enfermedad desconocida de características letales, no solo es un problema local, sino internacional. Por eso es importante la participación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de una red de investigadores foráneos, entre ellos los del Control de Enfermedades de los Estados Unidos.
Este tipo de investigaciones científicas no puede ser manipulado y no se le puede pedir celeridad a los expertos porque el proceso científico, a pesar de la impaciencia que pueda ocasionar, se basa en la observación, el análisis y la comprobación.
Contrario a otras ramas del saber donde se pueden aventurar hipótesis para desde allí partir en busca de la verdad, en esta ocasión no se puede afirmar nada sin el conocimiento exacto de la causa. Por eso, resulta absurdo que se hagan declaraciones con el propósito de adquirir protagonismo y se pretenda darle un matiz político a un hecho que requiere de toda la sapiencia de los especialistas.
En todo caso, las autoridades son apenas voceros de quienes llevan a cabo el trabajo, no solo en Panamá sino también en el extranjero. No se trata entonces de un fiscal que lleva el peso de una investigación judicial acompañado de un equipo de expertos en búsqueda de la verdad de un hecho punible. Nosotros estamos seguros de que los científicos locales encontrarán el origen del mal.
Al parecer la imaginación de algunos políticos ha sido contaminada por la ficción y las teorías conspirativas.
Además, la Fiscalía Auxiliar ha iniciado investigaciones de oficio para determinar si hubo alguna acción dolosa o culposa en estos decesos.
A quienes respetamos el estudio y la ciencia, nos parece absurdo pedir la remoción de un médico panameño, como Camilo Alleyne.