Hasta el entierro de quienes ya no se encuentran entre nosotros puede efectuarse de una manera que no afecte al medio ambiente, como lo pretende demostrar un pueblo en Suecia que aspira convertirse en el primer lugar en institucionalizar los llamados entierros "verdes".
A partir de 2007, la aldea de Jonkoping ofrecerá estos servicios que consisten en congelar los cadáveres en nitrógeno líquido para luego deshacerlos en polvo.
Los restos son enterrados en una tumba, no muy profunda, donde se descomponen y fertilizan la tierra -como un compost- en un lapso de semanas.
El objetivo de los ecologistas es conectar los servicios funerarios con técnicas que no perjudiquen al medio ambiente.