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To Hoang, vietnamita de setenta y cuatro años de edad, dormitaba frente al televisor. Su esposa, Phuc Nguyen, de sesenta y seis años, hervía agua en una olla. Los años de casados habían limado todas las asperezas, y la paz reinaba en el hogar. Luego, tomando la olla de agua hirviendo, la volcó sobre la cabeza de su marido.
¿Qué era lo que ocurría? Phuc Nguyen estaba gravemente enferma. Pensando que se iba a morir, en un rapto de desesperación intentó eliminarse ella, y por no dejar solo a su marido, eliminarlo también a él. Esposo y esposa habían vivido muchos años juntos. Se amaban de corazón. Pero los hijos se habían ido, formando sus propios hogares. Phuc Nguyen estaba muy enferma, y no hallaba otra manera de mitigar su desesperación. Felizmente, To Hoang, su esposo, aunque quemado de gravedad, tuvo tiempo de apagar el fuego, y cuando llegaron los bomberos los dos estaban sentados juntos en el sofá, tomados de la mano.
¿Qué es lo que lleva a la gente al suicidio? Las cargas demasiado pesadas de la vida, enfermedades incurables, problemas económicos, tragedias familiares, divorcios. Cuando la vida se hace insoportable, el suicidio parece ser la única solución. Pero, ¿lo es de veras? Lo cierto es que el último error que comete la persona que se suicida es negarle la última oportunidad a Dios. Es un error craso, porque Dios no desampara a ningún desesperado ni cierra su corazón a nadie, a nadie en absoluto, que clama a Él.
El Salmo 136 de la Biblia, hablando acerca de Dios, declara veintiséis veces que su gran amor perdura para siempre. Es una referencia directa a la compasión que Dios tiene hacia el que lo busca con fe cándida y sincera. Ese salmo no es el único pasaje bíblico que trata sobre el amor y la misericordia de Dios. A lo largo de la Biblia vemos a Dios con su mano extendida, buscando dar refugio a todo hombre, a toda mujer, a todo pecador, a toda pecadora. Cuando estamos pasando por una gran tribulación, o bajo la carga de una culpa, Dios responde a nuestro clamor.
Cristo llevó nuestros pecados en la cruz por amor a nosotros. De ahí que nos implore que nos rindamos a Él. Él quiere que respondamos a su llamado. Recibamos de Cristo el socorro divino. Él desea ser nuestro Salvador. |