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¿Por qué Dios no me responde?

Redacción | Crítica en Línea

Érase una vez, Jesús iba caminando con sus discípulos cuando de pronto una mujer no-judía, originaria de Canaán (sirofenicia), se percata de que el célebre Jesús está cerca y sale a su encuentro.

-"¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho!"- gritó desesperadamente la mujer cananea.

Jesús la ignoró no contestándole; sin embargo, la mujer no paraba de suplicarle, por lo que los discípulos dijeron:

-"Maestro, dile que se vaya, porque viene gritando detrás de nosotros"

-"No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros"- subrayó Jesús.

Los ‘hijos’ eran los de raza judía y los ‘perros’ eran los gentiles, es decir, los no-judíos.

Jesús inicialmente, y en teoría, había venido exclusivamente a salvar y bendecir al pueblo de Israel (posteriormente ese privilegio es extendido también a los no-judíos por causa del rechazo de los judíos al mensaje de Salvación).

Pese a esa desalentadora declaración, la mujer no-judía tuvo el valor y las fuerzas para insistir:

-"Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos"- adujo la mujer en tono de convencimiento y ruego.

Entonces, Jesucristo le respondió:

-"¡Mujer, qué grande es tu fe! Vete tranquila, que el demonio ha salido de tu hija."

Y cuando aquella madre regresó a casa, encontró a su amada hija completamente sana en la cama.

Mensajes: 1) No siempre Dios contesta inmediatamente las oraciones: a veces nuestra fe es probada, tal cual sucedió con la mujer cananea, quien no desistió en ningún momento y siguió rogándole al Señor por la sanidad de su hija. En algunas ocasiones, Dios desea que insistamos en pedirle para que crezca la fe. Nuestra petición debe ser justa para ser escuchada.

Hay quienes se cansan de pedir, y por resignarse, no reciben respuesta del Señor. Seamos tenaces hasta el final. 2) Debemos humillarnos ante El Eterno: la mujer, al enmarcarse con sumisión dentro de la clasificación de ‘perros’, reflejó una hermosa muestra de humillación, invocando así la misericordia divina. "Jamás rechazará un corazón contrito y humillado"

"Clama a mí y yo te responderé".



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