El violento enfrentamiento suscitado el pasado viernes, entre trabajadores sindicalizados identificados por un lado, por la cúpula del actual Consejo Nacional de Trabajadores Organizados (CONATO) y por los de la Confederación de Unidad Sindical Independiente (CONUSI), es sólo reflejo de viejas fricciones, que es imperativo superar.
La tolerancia, es definida como la expresión más clara del respeto a los demás. Una virtud reconocida por Locke desde el siglo XVII, con su Carta sobre la Tolerancia y posteriormente, también por Voltaire, a través de un Tratado sobre la materia.
La tolerancia, hija de la pluralidad y de la negación del fanatismo, se conquistó primero en lo concerniente a las creencias religiosas, al aceptarse que existen distintas formas de entender a Dios. Tiempo después, la tolerancia se expandió al terreno político, reconociéndose que existen diversos modos de organizar la sociedad.
Es así que hemos visto derrotar casi todos los totalitarismos, es el mundo luchando por un sistema político con la tolerancia suficiente que garantice los derechos individuales y sociales. Claro, que esto no es ni tan fácil, ni suficiente, se necesita la complementación de la justicia, la igualdad y la solidaridad. Valores que dan como resultado, la equidad.
En la sociedad panameña, los valores están en crisis. Nuestro movimiento sindical, igual que muchas de las distintas organizaciones, necesitan una profunda reflexión y renovación, para que no se conviertan sólo en un trampolín de ambiciones personales.
Hay que ejercer una tolerancia activa, que acepte la existencia de puntos de vistas distintos y muestre un real interés en dialogar.
Existen demasiados problemas sensitivos, para permitir que hechos lamentables como los acaecidos, sigan deteriorando más la necesidad de confiar en el próspero futuro que el destino le depara a este país.