Ernesto Pérez Balladares reveló que va a buscar la candidatura a la Presidencia de la República y el caldero político se calentó. La reacción fue inmediata, no faltó la salida pública para minimizar tal anuncio con otro y hasta quien intentara ridiculizarlo. Quien crea que el pueblo no madura y no calibra a sus gobernantes, equivoca su lógica -si la tiene - y si pretende engañar, no lo logra.
Elegir un Mandatario o Mandataria, no es asunto de concursos de bellezas ni menos aún de encontrar a Mister Simpatía: buscamos identificarnos con una propuesta de Nación impulsada con determinación y firmeza que nos garantice en el futuro mediato mejorar la calidad de vida de todos. Nos reconocemos con el partido y sus principios ideológicos, con el candidato - que lejos de ser simpático o simpática - nos infunda confianza y credibilidad de que cumplirá su promesa electoral sin temor a que la senda que se necesite trazar sea difícil de caminar pero en la seguridad que no le faltará el carácter para emprenderla, porque lo que construimos es un futuro para todos y no para algunos.
Como electores hemos aprendido a lo largo de estos años en que nuestra incipiente democracia se fue consolidando que, ya no se trata de quien nos promete y ni siquiera lo que nos prometen sino de quien pueda demostrar en lo factual que efectivamente hará lo necesario para cambiar radicalmente nuestro presente individual y nos permita legar un mejor porvenir como Nación. No apostamos al hombre o mujer simpáticos, sino a la experiencia que es sinónimo de madurez y concepto de realizable.
Ernesto Pérez Balladares pasó su 'check list' como gobernante. Quien quiera revisar la lista de compromisos asumidos y cumplidos podrá hacerlo y sin temor a equivocarme concluyo que El Toro no faltó a ninguno de ellos. Su imagen pública, genera opinión encontrada pero como una anécdota cuenta: "no lo quiero como marido sino como Presidente".