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Algunos empresarios abusan, es cierto, y pretenden que los obreros que dependen de él laboren como animales horas y horas extras, sin pagarles ni un centavo. A cambio de esta producción excesiva y sin pago, el empresario gana mucho dinero, que se supone revierte a la comunidad con la creación de más empleo.
Esa es una realidad que requiere atención. Pero también hay que ponerse a pensar en la gran cantidad de trabajadores que se quedan a medio camino, que no se esfuerzan por ser mejores, y dar todo de sí en su cargo. Son gente mediocre, que hace menos de lo que tiene que hacer y lo hace mal.
Esos dos extremos, el empresario abusador y el trabajador mediocre, mantienen al país estancado, sin posibilidades de salir adelante y conseguir la meta de convertise en una nación poderosa e influyente, que es para lo que fue creada.
Se requiere el concurso de todos para mejorar este estado de cosas, que no benefician a nadie, ni a los de arriba ni a los de abajo, y hace que cada vez sea más profunda la brecha de las diferencias sociales.
La pobreza es una actitud mental, y se requiere salir de ella para destacarse como un buen trabajador, al tiempo que se exige un trato justo a los empleadores. |