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Hace cinco millones de años, el istmo de Panamá emergió de las profundidades, creando una división en el mundo marino existente en los océanos Pacífico y Atlántico. La increíble fuerza de las olas generó la creación de hermosas playas en el litoral panameño, únicas en su tipo, gracias a que sus arenas forman parte, incluso, de la misma historia. Por milenios, los restos de animales microscópicos, la grava de los ríos, el descomunal impacto de las marejadas, además de los corales, constituyeron el entorno natural que existe en ambos mares que rodean nuestro horizonte marino.
Por desgracia, la mala actitud de empresarios vinculados a la construcción y minería está atentando contra el precioso recurso natural que poseemos. Hasta hace poco, la única fuente estable de divisas propias del istmo, el Turismo de playa en Coclé y Panamá Oeste, casi se ve afectado por la presión de consorcios que buscan la extracción de arena cerca del litoral Pacífico panameño, lo cual degradaría la nueva industria turística, además que destruiría la flora y fauna oceánica del Golfo de Panamá. Es una suerte que la población local, los medios de comunicación, hasta las críticas de las cadenas hoteleras desde Playa Blanca hasta Coronado, convencieron al Ministro Joaquín Jácome para que prohibiera la explotación arenera, incluso en zonas adyacentes mar adentro.
No pasaron siquiera dos semanas cuando los moradores del Golfo de San Miguel en la provincia del Darién, denunciaron otro intento de empresas areneras por sacar provecho de la extracción minera, esta vez en los bancos de la costa cercana a la desembocadura de los grandes ríos Tuira y Chucunaque. Los pescadores, hombre de mar que conocen las virtudes de la naturaleza, se aterraron ante la presencia de navíos en espera de sacar toda la arena posible con el fin de hacer lujosos edificios construidos exclusivamente para la clase privilegiada pomposa.
Ante esto, la Defensoría del Pueblo de Panamá y la Asociación para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) se decidieron hacer una campaña en apoyo a los moradores darienitas y hacer presión contra el gobierno para evitar un desastre ecológico de gran magnitud. Ante esto, las empresas areneras acudieron a los tribunales para denunciar la maniobra sorpresiva de los defensores ecologistas. Pero la verdad es que la razón la tienen los habitantes del Darién, quienes viven de la pesca en la zona marina del Golfo de San Miguel, la salida de los grandes ríos y la ensenada de Garachiné, sitios de gran diversidad natural, llena de indescriptible fauna marina. Si se destruyen los bancos, se destruye igualmente el hábitat de miles de criaturas que moran en las profundidades. Pero igualmente, la destrucción de los bancos de arena en Darién significaría el final de la barrera natural contra los cambios constantes de las mareas en la región.
Luego de las denuncias en los medios, por lo menos hubo un cambio de parecer en el actuar de las empresas areneras interesadas en extraer la riqueza mineral en el Este de Panamá.
En un reciente comunicado público, la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) manifestó su buena acogida al hecho que las empresas que han solicitado concesiones para extraer arena submarina en el Golfo de San Miguel, provincia de Darién, hayan iniciado la ampliación de los estudios de impacto ambiental en los sitios solicitados. Las comunidades del Golfo de San Miguel están muy preocupadas y con justa razón. |