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Mama veníte, acá hay comida, gritó apurado Juan Ignacio, de 10 años, desde la cima de un montaña de basura, mientras le disputaba a decenas de otros niños hambrientos, a perros y zopilotes (buitres) los desperdicios del mercado de Matagalpa, 130 km al norte de Managua. Entre una nube de moscas, sostenía en sus manos tres naranjas y unas hojas del alimento del día que recibiría él, su madre y sus cuatro hermanos.
Con ellos, Juan Ignacio bajó de las montañas de La Dalia, en un interminable éxodo de campesinos hambrientos, que, desesperados, buscan ayuda en la ciudad de Matagalpa, tras el cierre de cientos de haciendas afectadas por el desacalabro de la actividad cafetalera.
El 21 de julio, el gobierno de Nicaragua puso en marcha un plan para atender la situación en Matagalpa; pero sólo cubrió a 800 campesinos de los cerca de 72.000 que quedaron sin empleo a causa de la crisis cafetalera, según la vicealcaldesa de La Dalia, Socorro Mendoza.
"Esto es una bofetada al pueblo", consideró Mendoza, quien fustigó al presidente Arnoldo Alemán por negarse a decretar, como lo piden los gobiernos locales y los organismos no gubernamentales, "zona de desastre" en la región para destinar recursos a atender la emergencia generada por la sequía que afecta a Centroamérica.
"Ya van como cuatro meses que no veo a mi papá, porque dizque se fue a buscar trabajo. Entonces nos vinimos a ver si conseguíamos algo, porque en la hacienda nos corrieron (despidieron) y teníamos mucho (tiempo) de comer nada más que guineo (plátano) y mango", cuenta resignado Juan Ignacio, quien aún no sabe leer y debió dejar la escuela.
DURMIENDO EN EL SUELO
Muy cerca del mercado, en el Parque de Los Monos, donde duermen a la intemperie los campesinos que bajan de las montañas, Dalila, de 7 años, jugaba con una botella, para matar el tiempo en espera de auxilio.
"Yo quiero ser enfermera para ayudar a curar a los niños como yo", dice Dalila, mientras la mira su madre, con los ojos húmedos, recordando que hace cinco días su niña se desmayó en la escuela, debido a la falta de alimento.
Dalila, quien vivía con su madre en uno de los barrios más pobres de Matagalpa, sufre una severa desnutrición y cuando su madre la llevó a la clínica recibió, por ayuda, solo una larga de receta de medicamentos.
"Si no tengo reales (dinero) para darles de comer, cómo voy a comprar una receta", asegura la madre indignada, una de las 40 mujeres que, con sus hijos, están apostadas en el parque.
Petronila González, quien tiene seis hijos, se quejó de que el gobierno haya cerrado un desvencijado cobertizo que les servía de techo en el parque. "Tenemos que dormir con los niños en el piso o pedir posada en las casas de por aquí", asegura la mujer, quien lleva nueve días en ese lugar.
SIN AYUDA
Para colmo de males, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas reconoció su incapacidad para atender la situación en Matagalpa pues concentra su ayuda en la zona noroeste del país, afectada por una prolongada sequía, y en el Caribe, donde inundaciones arrasaron los cultivos.
"No contamos con los recursos para hacer frente a esta crisis, nosotros nos ocupamos de la sequía principalmente, hemos hechos giras de reconocimiento y estamos conscientes de la necesidad pero no podemos hacer nada en Matagalpa", admitió la oficial regional de Información del PMA, Olga Moraga
Según el PMA, uno de cada cuatro niños menores de cinco años padece desnutrición crónica en las zonas rurales de Nicaragua, país en el que más del 70% de sus 4,8 millones de habitantes vive en la pobreza.
Un poco más al sur de La Dalia, en El Tuma, la situación es peor. Más de 65 familias campesinas, colmadas de niños, viven a la orilla de la carretera, bajo los árboles, de los que recogen frutos para mal comer. |