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TEMAS DE ACTUALIDAD
Hablemos
de Educación (en términos de formación)

Raymundo A. Moore W.
Colaborador
Siempre he sostenido,
al igual que un montón de gente lo ha hecho, que las comparaciones
son malas, pero cuando a educación nos vamos a referir,
entonces las cosas cambian... cambian radicalmente porque nos
coloca frente a un hecho tan real como es comparar formación
con educación, binomio este que muchos confunden en creer
que lo uno, educación, y lo otro, formación, son
sinónimos, lo cual es falso.
Para comenzar, experimentemos con una pregunta que surge como
un trabalenguas. La pregunta: ¿por qué los jóvenes
de hoy, que son los hijos de los hombres de ayer, actúan
distinto a los jóvenes de ayer que son los hombres de
hoy? ¿Dice usted que esto es sólo un trabalenguas?
Lejos de serlo.
Cuando hablamos de educación, estamos aludiendo a la
aplicación sistemática de normas y reglas pedagógicas-didácticas
(proceso enseñanza-aprendizaje), diseñadas especialmente
para, en primer lugar, proveer al estudiante de conocimientos
básicos y generales, para luego, en segundo lugar, ampliar
esos conocimientos con otras normas y reglas más complejas
y/o sofisticadas (especialmente en estos tiempos de la ciencia
computacional), en preparación de una carrera profesional,
todo lo cual cae dentro de su capacitación académica.
Cuando hablamos de formación, nuestra atención
e interés se centra es en el hogar, lugar donde nuestros
padres tienen la obligación y la responsabilidad de, cual
escultor, ir moldeando nuestro carácter, nuestra personalidad
y, por extensión, nuestra conducta familiar, social, moral,
cultural, cívica y profesional. Este conjunto de valores
y principios, que son transmitidos por nuestros padres a nosotros
sus hijos, se llama formación. De allí que, educación
y formación, ni son sinónimos ni se aplican a lo
mismo.
Sin embargo, y frente a esta realidad, existe un profundo
vacío entre el arte de educar y la responsabilidad de
formar a los menores. Muchos padres creen que los maestros son
los sustitutos en la formación de sus hijos en la escuela;
y, en yuxtaposición, igual número de maestros pretenden
que sean los padres quienes en casa impartan las clases a sus
alumnos. Ambas posiciones son diametralmente equivocadaos, y
sólo contribuyen a confundir y a mencionar la formación
pedagógica-familiar que el menor está recibiendo.
Planteado lo anterior, es necesario que ambas partes, educadores
y padres de familia, comiencen a entender -porque ya saben- que
educar y formar son dos cosas muy distintas, y aunque interactúan,
cada una de ellas tiene su efecto muy particular en un área
muy específica en la conducta y el comportamiento del
joven educando. De allí que cada uno está llamado
a asumir la responsabilidad que le cabe en su particular ámbito,
o radio de acción, sea esta escolar o familiar.
Mi llamado final, pues, es que los maestros empiecen a educar
como la sociedad, en general, exige que nuestros estudiantes
sean educados, y que los padres, de una buena vez, comiencen
a prestarle más atención a sus hijos, en cuanto
a su formación dentro del núcleo familiar (Tengo
más...).
¡Au Revoir!
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