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Por tus palabras
se te absolverá

Carlos Rey
Colaborador
Entre 1961 y
1962 fueron entrevistadas en Cuba, sobre el tema de la medicina
popular, 309 personas en la provincia de Camagüey. Hubo
diez de ellas que tuvieron algo que decir en cuanto al Mal de
boca. Estaban de acuerdo en que es una infección, como
una caspa o costra blanca que le sale en la boca a los niños
pequeños. Héctor la describió como burbujitas
blancas que llenan la boca, y Bernardo como «una zurrapita
que cubre completamente la piel de la boca, con lengua y todo».
Pero no estaban de acuerdo en cuanto a sus causas. «Lo
produce la leche que toman -dijo Aurora-. Al niño de pecho
se lo da la madre, y a los grandecitos la de vaca, que es la
que toman. Es un mal de la digestión.» Guadalupe
explicó que es «que la leche contiene un ácido
que quema la piel de la boca», y Ana, que «es una
infección que da la leche cuando la vaca ha comido alguna
yerba mala». Clara Luz estaba convencida de que sucede
cuando un niño descuidadamente se mete en la boca un peine
con caspa. Basilia dijo que «proviene de mascar cáscara
de plátano por algún descuido de la madre»,
y Lucía, que «proviene de la dentición».
Héctor afirmó que «se debe a que se malea
la constitución de la sangre». Y un campesino anónimo
declaró que «proviene de que alguna pelusita de
caspa de una persona mayor va a parar a la boca de un niño
y se la contagia, porque... no es más que caspa en la
boca».
En cuanto a la cura, sí que difieren los entrevistados.
Todo depende del informante. «Se cura facilito»,
untando en toda la parte afectada miel de Castilla, o resina
de piñón de botija, o una pastica que se hace con
miel de abejas y bicarbonato de soda, o el zumo de un níspero
movido, mezclado con bicarbonato y azúcar, o zumo de hojas
de llantén; o dándole de tomar al niño ese
mismo zumo o leche de vaca cortada; o lavándole la boca
al niño con cocimiento de yerba mora o de hojas de guayaba;
o haciendo buches de cocimiento de la flor de la rosa blanca,
endulzado con miel de abejas y mezclado con un poquito de bicarbonato.1
Si hemos atendido a lo que dicen estos diez camagüeyanos
en cuanto al Mal de boca físico, con mayor razón
debemos atender a lo que dice Dios en cuanto al Mal de boca espiritual.
«¿Cómo pueden ustedes que son malos decir
algo bueno? -nos pregunta Jesucristo-. De la abundancia del corazón
habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el
corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad
saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio
todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que
hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá,
y por tus palabras se te condenará.»2 ¡Con
esto Dios nos da a entender que este mal es mucho más
grave de lo que pensamos! Por lo tanto, hagamos todo lo posible
por evitar el Mal de boca espiritual y pidámosle más
bien a Dios que limpie toda la maldad de nuestro corazón,
para que en el día del juicio nos absuelvan y no nos condenen
nuestras palabras.
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