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Ficción que se vuelve realidad

Hermano Pablo
Colaborador
La escena tenía que impresionar y salir perfecta, una escena como la que sabe hacer Hollywood, que parece no tener límites en efectos especiales. Brandon Lee, joven actor y toda una promesa en el cine, saldría de una tienda llevando una bolsa de comestibles. Otro actor le dispararía cartuchos de fogueo. Un artefacto, dentro de la bolsa, haría explosión, simulando un estallido mortal. Pero esta vez, por alguna razón desconocida, el explosivo fue muy fuerte y mató a Brandon Lee. Fue un momento trágico en que la ficción se volvió realidad. Más de una vez, en la larga historia de Hollywood, se han suscitado accidentes en escena. Algunos actores, al filmar escenas de muerte, han muerto de verdad. Una inundación simulada se vuelve cierta. Una ejecución en la horca se convierte en realidad. Un cartucho disparado por un arma está cargado de plomo verdadero. Es en estos casos, como en el de Brandon Lee, que la ficción se vuelve realidad. Así como en Hollywood, también en la vida común, esa vida que se lleva fuera de los estudios cinematográficos, la ficción, a veces se vuelve realidad. Tal es el caso del adolescente que para causar gracia simula una borrachera, carga demasiado la copa y sufre un edema cerebral. O la quinceañera que, por jugar a ser mujer sensual, se enreda con individuos inescrupulosos, y de una blanca inocencia pasa a una vida inmoral, llena de drogas y de prostitución. O el empresario que, sin tener la más mínima intención de serle infiel a su esposa, se ve emocionalmente involucrado con su secretaria, y de la emoción es un solo paso a la cama. No conviene jugar con la ficción, como tampoco conviene coquetear con la deshonra. Lo que comienza siendo un simple acto inocente tiene su manera de convertirse en realidad, y cuando queremos salir del compromiso, estamos ya envueltos en el embrollo. No obstante, hay una vida auténtica. No todo es falsedad en este mundo. Hay una vida verdadera, sin engaños, sin trampas, sin mentiras. Es la vida que ofrece el Señor Jesucristo: una vida aquí en este mundo, pero íntegra, justa y decente. Esa vida la encontramos al despojarnos de toda hipocresía y falsedad. La verdadera libertad viene cuando somos totalmente transparentes. Jesucristo declaró que la verdad nos hará libres. Esa vida limpia y pura puede ser nuestra. No corramos más. No nos escondamos más. Entreguémosle hoy nuestra vida a Cristo. Él la hará nueva.
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