Patrón antaño de los arrieros, luego de los camioneros y hoy de todos los conductores, en San Cristóbal se sintetiza la conciencia de responsabilidad de todos ellos.
La imagen de San Cristóbal la encontramos en millones de coches y camiones (las motos tendrían que hacerle también un sitio al santo) es como un Ángel de la Guarda que nos aconseja prudencia.
He aquí la leyenda que dio lugar a este especial culto y veneración de San Cristóbal:
Cuando era un problema atravesar los ríos, porque había muy pocos puentes, uno de los oficios era el de porteador: por el pago de una cantidad, había hombres corpulentos y robustos que pasaban a la gente de una orilla a otra. Ese era el oficio de San Cristóbal. Era tan buena persona que no negaba a nadie el servicio aunque no le pudiera pagar. Y ocurrió que una de las veces que le pidió un pobre que le pasase a la otra orilla, notó San Cristóbal que no le pesaba nada, que iba más ligero que si no llevase al pobre a hombros. Al dejar al pasajero en la otra orilla, éste le dijo que era Jesús, y se manifestó a él como en la Transfiguración, en premio por su continuada generosidad.
San Cristóbal de Licia es el gran mártir en torno al que se forjó la leyenda del gran patrón de los conductores.
En la representación más popular aparece con estatura agigantada, atravesando un río con el Niño a hombros, cuyo peso le hace vencerse, y llevando el tronco de un árbol como bastón.