El verdadero problema para el cristiano que quiere ser fiel al Evangelio es trabajar para la revolución, pero él debe ser testimonio e instrumento, rehusando radicalmente de caer en la violencia criminal.
Pero siendo realista al valorar y comparar las fuerzas, no basta con creer que el cristianismo es verdadero; y esto es, sin duda, el porqué en política nos manifestamos siempre como muy poco realistas.
Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta que lleva a la vida, y pocos los que la hallan.
Como cristianos se nos hace imposible comprender la voz de los hambrientos sin sentirnos profundamente quietos y turbados. Lo que es grave es que esta llamada se reduzca en nosotros a una incitación del miedo y al instinto de conservación.
Personalmente estoy convencida de que una revolución realizada bajo el signo de la cruz del ateísmo no está desde el principio llamada a traicionar su propia causa, sino que tiene probabilidades de realizar, a fin de cuentas, democratización y una humanización. Por todo esto, son problemas muy difíciles y muy graves. Pues sería perder el camino que como Iglesia debemos seguir: el camino de la caridad y de la fe. La revolución violenta no puede considerarse más que como última.