Hace unos días, en los entrenamientos de la selección Sub-23 en el estadio Rommel Fernández, el kinesiólogo Juan Carlos Andrión me preguntó sobre cómo le había ido a las chicas en el partido frente a México en los Juegos Panamericanos.
Rápidamente, le contesté que habían perdido 0-2. Al instante, el interrogador hizo un gesto negativo con la cara y pronunció una frase que jamás esperé escuchar y que, honestamente, me pareció muy machista. "¡Qué pérdida de plata!"
Cuando aquello ocurrió, el lesionado mediocampista Reggie Arosemena, se introdujo en la conversación para preguntar quién dirigía a las femeninas. Le contesté que Gaspar Pérez, y él simplemente expresó: "Ah, Gaspar".
En el momento, no dije nada porque en realidad no quise entrar en polémica, y menos bajo el sofocante sol de esa mañana. Sin embargo, una vez salí de allí, me alejé con la inquietud de haber escuchado semejante apreciación.
No es que esté a favor de las seleccionadas y en contra de los muchachos por ser mujer; pero, en esta ocasión, tengo que defender a un género que en esta contienda en Brasil y de acuerdo con lo que observé por TV, jugó con garras, con amor por la camiseta (a pesar de los vientos en contra), sin olvidar que, además, lo hizo ante las potentes selecciones como Estados Unidos (campeonas mundiales que tuvieron un mes de concentración antes de ir a Brasil), Argentina y México, entre otras rivales a las que se les preparó mejor y se les brinda mayor atención en sus respectivos países.
No me extraña que el reclamo de las chicas por el incumplimiento del dinero sea cierto, pues en anteriores ocasiones he escuchado, de propia voz del presidente de la FEPAFUT, Ariel Alvarado, decir que este seleccionado no genera ingresos.
Ante todo esto, pregunto: ¿Acaso las representaciones masculinas han logrado mayores cosas? Por si no lo recuerdan, después de muchos años, apenas se consiguió un subcampeonato en Copa Oro, y si nos vamos a la actualidad reciente, en la última edición nuestra selección regresó a casa con la maleta llena, pero de actos indisciplinarios.
Del Mundial Sub-20, también retornaron eliminados en la primera ronda con tan sólo un punto y un gol menos que las chicas. Punto similar al que lograron las féminas en Río, donde no jugaron un mundial propiamente dicho, pero sí enfrentaron a las máximas potencias como las arriba citadas.
Entonces, ¿qué criticamos? Por favor, ya dejen el machismo a un lado, apoyen igual a las femeninas y, para la próxima, contraten un técnico, no un preparador de porteros.
Si quieren exigir resultados, entonces inviertan.