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EDITORIAL
Sicariato
El asesinato a quemarropa del abogado Roque Pérez Carrera perpetrado frente a decenas de testigos, mantiene alarmada a la ciudadanía que se pregunta si la operación de sicarios que operan libremente en Colombia, se ha trasladado a Panamá. Además pone de manifiesto la fragilidad de la seguridad pública, que en el caso de Roque Pérez se hace más evidente, porque el homicidio se perpetró en las narices del jefe del Servicio de Protección Institucional (SPI), Alejandro Garuz y sus escoltas.
Mientras se pierde el tiempo en situaciones intrascendentes como investigar trabajos de brujería contra la jefa del Ejecutivo, el hampa se toma tranquilamente las calles. Además la opinión pública cuestiona la falta de reacción rápida de los agentes del SPI, que no pudieron capturar al pistolero, que pudo escapar tranquilamente en un taxi.
Hace poco un exjefe de la Policía Nacional advertía que los problemas de la seguridad, se producen porque los organismos encargados de esas labores, pierden el tiempo en asuntos intrascendentes, en vez de estar concentrados en las tareas de vigilancia en las calles.
Hace siete días, un estudiante asesinó a otro; se asaltan bancos y ahora llegaron los sicarios, pero lo único que hace la Policía son operativos esporádicos para verificar si los conductores tienen sus licencias vencidas.
Los maleantes se han tomado las calles. La gente honesta no quiere ni salir de su casa, por temor a ser víctima del hampa, mientras no se observa vigilancia policial en horas de la noche. "Panamá segura", fue el rimbombante título que se le asignó a una estrategia de la Policía Técnica Judicial para combatir el crimen, pero con los hechos de los últimos días, el hampa sin duda se muere de la risa con nuestros policías.
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PUNTO CRITICO |
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