MENSAJE
Puentes culturales
Hermano Pablo
Costa Mesa, California
De Piedras Negras, México,
"en busca de escuela, nos trasladamos una temporada a la vecina Eagle
Pass (en los Estados Unidos) o, como decían en casa... "El Paso
del Aguila".
"El río se cruzaba en balsas. Avanzaban éstas por
medio de poleas deslizadas sobre un cable tendido de una a otra ribera...
Para el tráfico había esquifes de remo. Estando nosotros en
Eagle Pass, presenciamos la inauguración del puente internacional
para peatones y carruajes... Los habitantes de las dos ciudades se congregaron
cada cual en su propio extremo del nuevo viaducto. Las comitivas oficiales
partieron de su territorio para encontrarse a medio río, estrecharse
las manos y cortar las cintas simbólicas que rompían barreras
y dejaban libre el paso entre las dos naciones. No eran tiempos de espionaje
oficial y pasaportes. El tránsito costaba una moneda para la empresa
del puente, y los guardas de ambas aduanas se limitaban a revisar los bultos
sin inquirir la identidad de los transeúntes... El pueblo se mantuvo
reservado. Ni los de Piedras Negras pasaron en grupos al "Paso del
Aguila", ni los de Eagle Pass se aventuraron a cruzar hacia la tierra
de los greasers. En aquella época, cuando bajaba el agua del río
en ocasión de las sequías que estrechan el cauce, librábanse
verdaderos combates a honda entre el populacho de las villas ribereñas.
El odio de raza, los recuerdos del cuarenta y siete, mantenían el
rencor. Sin motivo, y sólo por el grito de greasers o de "gringos",
solían producirse choques sangrientos".
En estas reminiscencias de su infancia, el brillante escritor mexicano
José Vasconcelos, en su autobiografía titulada Ulises criollo,
nos inquieta con el recuerdo de los prejuicios que heredamos de la cultura
occidental del siglo XIX. Pero lo que más debiera desconcertarnos
es la realidad de que en más de un siglo que ha pasado no hemos logrado
derribar por completo esas barreras del odio y de los prejuicios raciales
que nos dividen. Esto se debe a que le hemos dado más importancia
a la construcción de puentes materiales que a la de puentes culturales,
que hay que construir en el corazón. Como el único Ingeniero
espiritual capaz de construir esa clase de puente es Dios nuestro Creador,
más vale que le roguemos que se disponga a inaugurar en nuestro corazón
un puente que rompa toda barrera. Tan pronto como cortemos la cinta simbólica
del pecado que nos separa de El, Dios nos quitará todo afán
de exigir la identidad de los que transiten por ese puente nuestro, dejando
así el paso libre entre nosotros y todos nuestros semejantes, y nos
permitirá cruzar hacia la Tierra Prometida con su salvoconducto divino.


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