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  OPINION

REFLEXIONES
"El Legado de Francia

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Carlos Christian Sánchez
Colaborador

La Revolución Francesa de 1789 produjo en la Humanidad el impulso decisivo para rescatar los valores políticos, sociales y económicos. Antes de la Toma de la Bastilla, los monarcas europeos abusaron de las clases bajas en la administración de la cosa pública. El argumento de que los reyes eran representantes absolutos en la Tierra, que habían heredado su poder debido a la gracia divina (el Legitimismo), hizo difícil que diversos grupos progresistas adquirieran mayor influencia en el Estado Monárquico. El Renacimiento, el consecuente desarrollo comercial, la proliferación de propuestas ideológicas en el Siglo de la Ilustración, además de los constantes cambios geopolíticos a finales de la XVIII Centuria, causaron que la burguesía optara por destronar al absolutismo.

Francia recibió un impulso enorme, producto de otra gran revuelta: La Revolución Norteamericana. En julio de 1776, las trece colonias norteamericanas se separan del Imperio Británico y en el Tratado de Versalles de 1783, se genera un cambio significativo en la forma de gobierno de una entidad soberana: un presidente electo por las masas populares ascendería a la máxima magistratura, mientras que se garantizara mayores libertades ciudadanas. A estos nuevos conceptos liberales, agregamos que los soldados franceses que combatieron junto con los rebeldes norteamericanos, asimilaron la trascendencia del movimiento separatista de George Washington. ¿Porqué defender a un monarca arbitrario que no representa a las masas populares?

Desde la muerte del Rey Luis XIV, Francia empezó su decadencia como potencia europea. Los consecuentes monarcas galos no hicieron mucho por rescatar de las penurias a la plebe. El clero y la nobleza se alejó del populacho, mientras que en los barrios de París se clamaba por mejores garantías de subsistencia humana. Luis XVI trató de calmar los ánimos y convocó en junio de 1789 a los denominados "Estados Generales", la asamblea general de los representantes de las clases sociales francesas. La Burguesía, aquel grupo social que estaba compuesto por los comerciales y los hombres que cultivaron sus conocimientos académicos en los nuevos valores políticos, se convirtió en la fuerza que motivaría el fin de la Monarquía Francesa. Tras un fallido intento de las tropas en disolver la cámara, los sectores burgueses juraron mantener la vigencia de los cambios políticos sugeridos. Más tarde, el 14 de julio, las masas populares de París se levantan contra el rey galo, cuando se toma el fortín de La Bastilla, la infame prisión en donde se llevaban a los disidentes políticos, símbolo del absolutismo. Allí comienza la Revolución Francesa.

Tras la caída de La Bastilla, Francia entra en un proceso de cambios. Se crea una monarquía constitucional y parlamentaria en 1791. Se forma la Primera República Francesa en 1792, la cual concluye con el golpe de estado de 1799, dirigido por Napoleón Bonaparte, el famoso general que transformaría a Francia en la mayor potencia mundial por un efímero periodo entre 1804 y 1812. El mayor legado de la Revolución Francesa fue que consiguió cambiar la mentalidad política global. La necesidad de regímenes democráticamente electos prevaleció sobre las antiquísimas monarquías europeas conservadoras. Los Derechos del Hombre y del Ciudadano abarcó casi todos los principios que Voltaire, Jacques Rosseau, John Locke y Montesquieu propugnaron en sus tesis.

 

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