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Hay mucha perorata por todos lados en cuanto al tema de los derechos del hombre (eso incluye a las mujeres, y lo explicamos para que no se piense que somos marginadores). No obstante el ruido que se ha hecho con este asunto, pocas son las actitudes y conductas consecuentes. En Panamá las discotecas continúan impidiendo el acceso a sus locales de gente negra. Las mujeres, aun cuando ejercen las mismas funciones que un hombre, ganan menos y se les impide subir a puestos directivos.
La gente pobre no tiene oportunidades, porque si se tiene una jugosa cuenta bancaria no hay cárcel ni sanción que se le aplique a un delincuente de cuello blanco. Cuando vemos a alguien caer nos reímos y seguimos adelante, porque la fraternidad no tiene significado para ninguno de nosotros.
Así las cosas, las virtudes de la democracia son pura perorata, palabras vacías que no encuentran en Panamá real asidero. En este país gana el más vivo, el que tiene palanca, el que tiene más capacidad para burlarse de las reglas, o quien tiene un padrino con plata o en el gobierno. Cuando los panameños verdaderamente aprendamos que el respeto a los derechos nos hará libres, empezaremos a caminar hacia la libertad verdadera. |