El anuncio presidencial de aplicar mano dura contra el hampa y sobre todo el imponer cadena perpetua a los delincuentes que asesinan a los panameños honestos, ha recibido el respaldo popular.
Aunque un poco tarde el despertar del gobierno para frenar la ola de delincuencia que sacude al país, hay que reconocer que la situación imperante requiere acciones radicales.
No es posible que un ratero asesine a tiros a una persona, para robarle unos cuantos reales. Lo malo de encarcelar de por vida a estas lacras de la sociedad, es que los contribuyentes deberán mantener con sus impuestos a esos detenidos.
Se imponen mecanismos, para que esos parásitos hagan labores productivas, para que aunque permanezcan en prisión, justifiquen los gastos en que incurre el Estado para mantenerlos.
Al mismo tiempo, se hace necesario también reforzar las penas contra los delincuentes de "cuello blanco". Hay maleantes de saco y corbata que roban millones y usted los observa muy campantes por las calles de Panamá.
También se hace necesario una labor preventiva de los estamentos de seguridad. La presencia en las calles de los policías, en vez de permanecer en oficinas refrigeradas, es una acción inmediata para frenar la delincuencia.
Al mismo tiempo, el Ministerio Público y el Organo Judicial debe realizar jornadas extraordinarias para acabar con la mora en los procesos y definir de una vez por todas el status de los detenidos en las cárceles del país.