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A parte de algunos pueblos del interior y la costa atlántica, en poco colegios de las ciudades principales se cultivan los valores nacionales, el amor por la cultura popular, las artesanías locales, las conquistas del país, y su historia.
Incluso, muchos docentes hacen que esos temas sean molestos para los estudiantes, y convierten las lecciones sobre el folclor y la literatura nacional en verdaderas sesiones de tortura. ¡Son aburridísimas! Y no porque el tema sea pesado, sino porque los docentes no lo viven ni lo entienden en su justa dimensión.
Hoy, cuando la globalización está imponiendo modelos culturales ajenos a nuestra realidad, y a los jóvenes se les envuelve con información tan disímil y extraña, la defensa de la cultura nacional por parte de todos, gobierno, educadores, políticos y padres de familia, se convierte en una obligación. Si no se hace de esta manera perderemos a los jóvenes, y con ellos al país. |