"Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda". Es una frase de Jesús que encierra un mensaje sencillo: "No te vanaglories de tus buenas acciones".
Siempre me pregunto si nuestros políticos y figuras públicas seguirían haciendo todas sus publicitadas donaciones de materiales de construcción y de becas y de comida si no estuviesen cámaras de televisión para captarlo hasta el último detalle.
Si de repente se fuera la luz, y no hubiese forma de filmar o grabar su supuesta muestra de "desprendimiento", ¿Seguirían adelante con la donación, o pararían todo porque no hay terceras personas viendo?
Cuando vemos a políticos llegando con camiones llenos de comida a comunidades humildes, con altavoces, música y sobre todo cámaras, estamos ante una manipulación; un acto público orquestado con una doble intención.
Se trata de un acto de "autobombo" disfrazado de una ayuda desinteresada a los más necesitados. Es una inversión en imagen para los políticos. La gente recibe unos cuantos bienes y comida, pero en realidad están siendo utilizados para propaganda política.
Y lo peor es que nada de lo que los políticos regalaron salió de sus bolsillos.
Lo vimos hasta la saciedad durante los meses de la campaña electoral. El programa de productos de primera necesidad con la marca estatal "Compita" fue abusado, saqueado y manipulado por políticos en busca de votos. Hasta cambiaban los envases de arroz y miniestras, poniéndoles sus nombres. Y cuando repartían, detrás estaba la batería de camarógrafos y fotógrafos de su campaña.
Y no es algo que se limite a los políticos. Muchas personas poderosas y megacorporaciones que dañan al ambiente o abusan del consumidor utilizan estas artimañas de relaciones públicas para desviar la atención sobre sus malas prácticas.
Vivimos en un mundo en el que las intenciones ocultas están detrás de casi todos los actos públicos. Mientras recibimos un regalo o un premio entregado por un poderoso benefactor, podemos estar inadvertidamente actuando en un teatro de relaciones públicas dirigido a terceras personas.
Lástima que sean pocos los que realmente quieran ayudar al prójimo por el solo deseo de ayudar. Esos se conocen porque sencillamente lo hacen y siguen su camino. Sin bombos ni platillos.
"Hagamos el bien sin mirar a quien", dice el refrán. En este caso, tendríamos que agregarle: "...y sin fijarse si nos están mirando".