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EDITORIAL
Panamá pierde su campeón
Trágico. No hay otra palabra para describirlo. Ayer dejó de existir el boxeador panameño Pedro "Rockero" Alcázar, último campeón que tenía la patria en este duro deporte.
Tras la decepción que se apoderó del país al ver a su campeón derrotado ante el mexicano Fernando Montiel, ahora llegan los lamentos y se pone de manifiesto la necesidad de humanizar el rudo deporte del boxeo.
"Sólo nos quedaba él", expresaron muchos. "Ya no tenemos campeón", agregaron otros, sin conocer que horas después el boxeador, que perdía su primera pelea en 28 combates profesionales, también perdería su vida y con ello los sueños de seguir luchando decentemente con lo que siempre dijo gustarle: el boxeo.
El Rockerito, quien tuvo problemas con su nacionalidad, decía sentirse orgullo de ser un panameño.
El cuadrilátero del campeón estuvo rodeado de problemas desde su niñez. Así lo reconoció, mientras estuvo con vida, no obstante, antes de ir a la ciudad de Las Vegas, en Estados Unidos, había hecho el contrato más importante que fue aceptar a Jesús como su Salvador.
Pedro Alcázar había hecho un pacto con Dios y asistía a una iglesia. Su norte fue ser campeón y tener dinero apoyar a los niños de la calle y a sus amigos boxeadores.
La noticia cayó como un balde de agua fría para los fanáticos del deporte. "Pedro en estado de coma", fue lo primero que supo Panamá y después "fallece Pedro el Rockero Alcázar".
Mucho se habla de la preparación física de los atletas y de los pleitos con boxeadores de poca proyección. Lo cierto es que este trágico desenlace, del primer boxeador panameño en morir después de un combate, debe crear conciencia tanto de los preparadores como de los propios boxeadores que ven a este deporte como su esperanza, una esperanza que le quita la vida con cada pegada en la cabeza o en su anatomía.
La muerte del campeón debe ser también analizada por la propia OMB con la seriedad que le corresponde para aplicar, así como se acortaron los combates de 15 a 12 asaltos, los mecanismos que protejan la cabeza del boxeador, el área más peligrosa.
El país llora, como cuando una madre pierde a su hijo. Nadie se esperaba que el campeón abandonaría los guantes tan temprano en la última pelea que dedicó a Dios.
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PUNTO CRITICO |
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