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Para los efectos de promover la imagen internacional de un país, es lógico suponer que la primera carta de presentación es la terminal aérea y la forma de cómo se atienden a los turistas extranjeros que llegan a visitar una Nación. Por desgracia, nuestro Aeropuerto Internacional de Tocumen es la antítesis de una terminal aérea. Las aduanas son pésimas, el desorden se apodera de la salida del edificio principal, ante una marejada de taxistas y personas que transforman la instalación en una "enorme piquera". No hay la seguridad policial que uno desea para este tipo de edificación, se daña el aire acondicionado en horas de la madrugada y, algunas veces, en las calurosas tardes panameñas.
Tanto panameños como extranjeros han cuestionado la falta de una ruta especial de autobuses que llegue a la terminal aérea y que transporte a los viajeros hacia la ciudad capital, sin la necesidad de tomar taxis carísimos, cuyas tarifas oscilan entre los ocho a veinte balboas, ¡toda una estafa!.
Aunque para algunos, la idea de la privatización del Aeropuerto de Tocumen era impensable, la realidad es que si pretendemos promocionar a Panamá como centro turístico y de conexión con otras naciones, es necesario la reparación de esta terminal aérea, bajo la premisa de la eficiencia y productividad que ofrecería una empresa privada.
Es una lástima que desde mediados de la década de los setenta, Tocumen no haya expandido sus facilidades. Los planos originales de la terminal aérea determinaban varios centros de trasbordos, aparte del principal. En el perímetro del aeropuerto habría hasta un lago panorámico y facilidades para hospedaje, como hoteles y estacionamientos.
La actitud del gobierno de turno en frenar la privatización del aeropuerto es ilógica, partiendo del hecho que se ha comenzado a construir el polémico proyecto del Centro Multimodal de Transporte en Colón, algo que incluso puede también permitir la recepción de turistas y ejecutivos en la costa atlántica.
No es que demeritemos la capacidad de los panameños en administrar las propiedades públicas, algo que hacemos con pleno éxito en el Canal Interoceánico, pero en el caso de la terminal aérea de Tocumen, es obligatorio adquirir equipos, técnicos, profesionales y la solidez de una empresa multinacional extranjera que controle esta instalación, para enfrentar el reto de recibir a miles de visitantes, quienes merecen una excelente carta de presentación sobre lo que tiene el Istmo.
Es por ello que solicitamos al gobierno de turno, en especial a los Ministerios de Economía y de Comercio, que reabran la alternativa de la privatización del Aeropuerto de Tocumen, ante la incapacidad administrativa de la Dirección de Aeronáutica Civil (DAC) en operar las facilidades públicas de pasajeros.
Por el bien de Panamá, reconstruyamos la terminal aérea de Tocumen antes que asustemos a potenciales turistas y ejecutivos que quieren invertir en este hermoso país. |