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REFLEXIONES
"Caso curioso en migración"

Por Carlos Christian Sánchez C.
Colaborador
Panamá es verdaderamente un país insólito. Sucede el "Show" de la mujer nicaragüense que, según ella, decía laborar en casa del Director General de Migración, y que lo acusaba de utilizarla para trabajar por unos meses, mientras arreglaba sus papeles. De repente, un camarógrafo de TVN capta a la señora gritando desde la pseudo celda de esa entidad, diciendo que fue presionada, como si se tratase de una esclava moderna. La historia no termina allí. Cuando esa escena salía en las pantallas televisivas, la dama ya se dirigía hacia Nicaragua, al parecer "deportada por la fuerza", aunque el Ministro de Gobierno y Justicia y el funcionario involucrado de Migración argumentaban que ella "aceptó voluntariamente viajar a su tierra natal". Cuentos como esos yo no me los creo, más aún después del espectáculo hecho por la señora. Ninguna persona coherente dejaría una lucha así no más, para pasarla mal. Pareciera que en este país se manejan cosas muy extrañas, tanto así que algunos inmigrantes son considerados por las autoridades como una visita indeseable, mientras que a otros, por su pecunio y origen, tienen la puerta abierta para crear sus negocios en el Istmo de las Bonanzas. Muchos olvidan el hecho que nadie es propio de la tierra que pisa. El ser humano está en constante migración a lugares donde existen beneficios y ventajas para sobrevivir. Tan sencillo como las teorías darwinianas de la Evolución. Pero hay gente que piensa en el individualismo, pecando luego en el aprovechamiento legal para impedir la llegada de extranjeros. Esto ocurre en casi todos los países prósperos: Estados Unidos es un país de inmigrantes y América entera lo es. La población panameña puede que haya aumentado en su número de nuevos ciudadanos nacionalizados, según se observa en la comunidad, debido a la gran cantidad de personas de origen asiático, especialmente hindúes y chinos. Nos dirigimos primero a la fuente lógica: la misma Dirección General de Migración de Panamá, en donde preguntamos sobre las nuevas cifras de ciudadanos extranjeros que ingresaron al país, desde que asumió el poder el gobierno de la Señora Mireya Moscoso. Empero, fue difícil recibir una respuesta de las autoridades versadas en la materia. Un completo hermetismo existe, como si se tratase de un secreto de Estado. Por eso salen las especulaciones. Los funcionarios de esa entidad gubernamental, supeditada al Ministro de Gobierno y Justicia, afirmaron que "sólo pueden dar cifras de la recién nacionalizados, por permiso de las altas esferas directivas". A mejor entender, nada. Según los datos recabados, cerca de cien mil chinos viven en el país, muchos de los cuales no tienen su debida legalidad como ciudadanos panameños. Anteriormente, los medios de comunicación y la comunidad en general han criticado la proliferación de ciudadanos extranjeros que ni siquiera hablan el idioma español, o conocen la esencia política, social y cultural istmeñas. Durante el pasado censo, una pregunta indirecta trató de hacer el trabajo de medición del origen de las personas: "El último lugar de residencia de sus padres". Por supuesto que algunos mintieron, en especial aquellos cuyas familias vienen de tierras lejanas. La realidad del mundo globalizado es que aumentará el movimiento de la migración humana, mientras que Panamá tendrá más visitantes extranjeros que se percatarán de las ventajas de vivir en este país tropical. Trabajo hay, pero no todos quieren explotar algunas oportunidades, por considerarlas humillantes. Es allí donde viene el obrero extranjero.
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