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Fútbol y faldas

Jovanka Guardia
Crítica en Línea
Camiseta roja con escote bien pronunciado, un pantalón corto, o tal vez largo pero, eso sí, ceñido al cuerpo, maquillaje tenue, uñas bien arregladas y la mejor de las sonrisas.... No, no nos estamos preparando para ir a discotequear: llegó la hora del fútbol. Lo que parecía imposible pasó y con ello nuestro país se alistó a la siguiente fase en el ancho camino hacia el mundial de fútbol, un 4 x 0 contra Nicaragua y allí estábamos las mujeres panameñas. En los últimos años la participación femenina en las actividades deportivas se ha ido incrementando, quizás porque el potencial panameño ha sido reforzado y nuestro país demuestra calidad y capacidad, lo que deslumbra a las mujeres. Mientras miles de hombres de distintas partes de la república preparaban la noche anterior al partido sus neveras, para colmarlas de la cerveza de su preferencia, nosotras pensábamos en qué atuendo luciría mejor bajo el radiante sol que acompañó al onceno nacional. Y aclaro: no es que las mujeres ignoren sobre técnicas futbolísticas, todo lo contrario, podemos dominar el tema tanto o más que cualquier hombre; sin embargo, la naturaleza femenina nos obliga a priorizar aspectos que pueden resultar superficiales a quienes no admiren la vanidad femenina. Ese domingo me llamaba la atención observar a miles de mujeres darse cita en el coliseo, la cantidad llegaba a compararse fácilmente con la asistencia de los hombres. Y es que en el deporte como en otras actividades, se ha llegado a generalizar la errada visión de que las féminas no tienen cabida, salvo aquellas que lo ejecuten, Eileen Coparropa, Jenny Schuverer, Jessica Jiménez, Steffy Graft, o alguna otra atleta. La efervescencia que se vivió en ese partido se reflejaba sin distingo de sexo en los rostros de las asistentes. Para las mujeres el ardiente sol representaba su salvoconducto a un bronceado, que en estos tiempos de lluvia parecería sólo un milagro, mientras para los hombres era la excusa para libar sin parar. Las ansias por el inicio de un difícil partido y el donaire femenino vencían las largas horas de espera. Sin embargo, el astro rey hacía de las suyas en los polvos de cara, coloretes y lápiz labial. Al inicio del combate valía más haberse hidratado lo suficiente, la noche antes, de lo contrario las arrugas empezarían a asomarse, aun en las pieles más jóvenes con las que el destino es benévolo y las perturba sólo pasados los 40. De una u otra forma, esa fue toda una fiesta y con o sin vanidad las mujeres dijeron presente y convirtieron aquello en un evento social, lo que antes hubiera sido, ni más ni menos, solo un partido de fútbol.
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De una u otra forma, esa fue toda una fiesta y con o sin vanidad las mujeres dijeron presente y convirtieron aquello en un evento social, lo que antes hubiera sido, ni más ni menos, solo un partido de fútbol.

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