El hombre joven con muletas acercó su rostro y su mano a la ventanilla del conductor. En ella portaba un vaso. Era su alcancía de pedigüeño público.
Con amabilidad quien conducía el automóvil, dijo que no al pedido. El hombre al que le faltaba una pierna respondió "Dios los bendiga".
En otra esquina, otro hombre en muletas, de más edad y a quien también le faltaba una pierna, vendía pequeños estuches para celulares.
Los pasajeros del auto se asombraron de hallar en su camino dos personas en condiciones iguales pero en circunstancias distintas. El joven hacía uso de su pérdida para pedir limosna mientras el mayor decidió ganarse la vida vendiendo alguna cosa.
Más adelante, en otra esquina de esta ciudad había una pareja de muchachos en edad de escuela, pidiendo dinero a cambio de lástima. Uno de ellos estaba en silla de rueda al parecer por una pierna maltrecha. El "bueno y sano" empujaba la silla de rueda.
A unos pasos, en otra esquina, dos pequeños de ocho a diez años de edad sin ningún defecto físico, hacían lo mismo, pedir plata a los automovilistas.
¿La caridad será más digna para estas personas de esta manera?...¿Un impedimento físico debe ser excusa para lograr un beneficio económico provocando un poco de llanto en algunos? ¿O es más grato ganarse el sustento con algo de esfuerzo?
Razones y preguntas son muchas, pero la perspectiva de ser útil sin importar cuántos brazos o piernas se tenga, de sentirse orgullosos de sí por lo que son y no por lo que no tienen hacen la diferencia. La actitud en la vida cuenta mucho para salir adelante aún en las peores situaciones.
Los programas que brindan a estas personas capacitación para seguir luchando, quedan mal parados cuando se observan estas acciones. El dinero que destinan organismos de ayuda internacional a través de organizaciones no gubernamentales y de las gubernamentales ¿es tan escaso que se acaba antes de que se establezcan sitios en los cuales estos individuos puedan desarrollar una labor aceptable? ¿Qué se hicieron las empresas de Buena Voluntad?
Por suerte o desdicha los panameños todavía tienen buen corazón. Esta práctica afianza el "juega vivo" y el conformismo ante una condición de discapacidad.