Muchas parejas de panameños acuden a la presencia de Dios y delante de Él los hombres se comprometen a estar con su mujer en la salud y en la enfermedad, pero olvidan algo muy importante. También prometen serle fieles hasta la muerte, cosa que no hacen ni las mujeres ni algunos hombres.
En este contexto sexual, tenemos que tener claro que las relaciones extramatrimoniales se constituyen en adulterio, mientras que entre las personas solteras en fornicación.
Reiteramos. Las relaciones sexuales entre una persona casada y alguien que no es su compañero constituye adulterio.
Los Diez Mandamientos contienen la prohibición del adulterio: «No cometerás adulterio» (Éx 20.14). La razón es simple: el matrimonio constituye el fundamento de la sociedad y viene acompañado de la responsabilidad de criar a los hijos. Las relaciones extra matrimoniales fortuitas no sólo ponen en peligro el matrimonio, sino destruyen los sentimientos paternales y maternales por los hijos, y opacan los vínculos familiares.
La fornicación es sexo entre dos personas que no están casadas. El apóstol Pablo dijo que ello constituye un pecado contra el cuerpo. Recomienda a los cristianos huir de la fornicación como un pecado contra Dios y nosotros mismos, porque el cuerpo de los creyentes es el templo del Espíritu Santo. Pablo dice que si un creyente une su cuerpo al de una ramera está uniendo a Jesucristo con esa persona.
Estimado amigo, usted debe saber que los fornicarios ni los adúlteros entrarán en el Reino de los cielos, por ello te recomendamos andar en buenos pasos. Ponte los zapatos de la fe y pide a Dios sanación para tu alma y dile que limpie tus pecados con el único detergente que puede sacar la mugre de pecados que hay en cada uno de nosotros: la sangre de Cristo.