Todos hemos escuchado sobre la existencia de corrupción en los estamentos de seguridad, y sobre que existe muchas unidades policiales y de la DIJ más comprometidos con el respaldo al crimen organizado que con la sociedad que por ley están obligados a servir.
Pero pocas veces tenemos casos tan dramáticos sobre lo que sucede entre algunas unidades policiales, que la captura de varios de ellos por estar involucrados en una operación de tumbe de drogas.
La imagen de un uniformado subiendo a un auto patrulla con las manos esposadas, genera temores entre la ciudadanía sobre para quiénes realmente trabajan nuestros agentes policiales.
Ya no solo tenemos que preocuparnos de la violencia de los pandilleros, los narcotraficantes o los asaltantes. También tenemos que cuidarnos las espaldas de los agentes del orden público.
¿Será que muchos agentes se ven tentados a los tumbes y a involucrarse con el narcotráfico por los bajos salarios? Poco probable. El dinero que se puede conseguir en un tumbe cualquiera es tanto, que aunque un cabo ganara mil balboas mensuales, se las jugaría igual.
Lo cierto, es que la percepción está dada: "no podemos confiar ni en nuestros policías". No sabemos si se trata únicamente de unas cuantas manzanas podridas, o de algo generalizado; pero los malos policías están afectando el prestigio de los buenos. Están pagando justos por pecadores.
Cuando el país vea que la institución comienza a investigar hacia adentro y sacar masivamente a los que dañan su imagen, tal vez comience a recuperarse la confianza en nuestra policía. Ojalá eso suceda.