OPINION


En defensa de los buscadores de tesoros

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Por Rafael Ruiloba
Colaborador

Hay tres tipos de busca-tesoros: El que anda tras la pista de un tesoro oculto en su imaginación; el que busca un tesoro real y el que está dispuesto a robarse lo que encuentre los dos anteriores. El problema con todos ellos es que han organizado en Panamá un conciliábulo internacional para buscar el tesoro de Lima, un submarino francés o las misteriosas minas de La Estrella.

Cuando los españoles creyeron que Lima caería con las primeras escaramuzas bolivarianas fletaron en un barco con un tesoro valorado en cientos de billones de dólares. El cual, como es fama, nunca llegó a su destino y según una misteriosa inscripción en la estatua de Bolívar en el parque Catedral, el barco desapareció entre punta Cocos en la Isla del Rey e isla Cocos en Costa Rica.

La historia del submarino francés es parecida: Los alemanes invaden Francia y en una flota de sumergibles los galos embarcan el tesoro más grande de la nación rumbo a Fort Knox. Como era de esperarse, uno de los sumergibles desapareció entre la península valiente de Bocas del Toro y Santa Isabel en Colón. Lo cierto es que los franceses ofrecen el 20% si alguien informa sobre el paradero del submarino con sus mil millones de dólares.

Sin embargo el tesoro más peligroso es el de la mina de La Estrella porque está custodiado por los indios conejo. Recientemente hemos localizado los restos de la ciudad de Santiago de Talamanca cerca del río Sixaola donde según Pedro Caro (1563) y Juan Vásquez de Coronado (1565) está la veta de oro más grande del mundo. Informan los cronistas que en sus alrededores los conquistadores dejaron muchos depósitos de oro.

Al parecer el francés Van Steak encontró uno de estos depósitos. Presuroso dio parte a las autoridades. El mismísimo Presidente Juan Demóstenes Arosemena y Coronel Pino, partieron hacia las montañas para confirmar la existencia del prodigioso hallazgo. Cuando llegaron al sitio, de acuerdo a la versión oficial, no existía tal tesoro y el francés, compungido de la pena se voló la tapa de los sesos, lejos de la mirada presidencial por supuesto.

Cuando un DC3 inglés llegó a David para llevarse un misterioso cargamento, los estudiantes coreaban Oscar, Oscar tres barras para la Normal. Como el lector podrá deducir estas no son las únicas razones por las que los busca-tesoros tienen en Panamá su paraíso, pues si no se conforman con estos tesoros les quedan los 89 galeones del patrimonio arqueológico subacuático y la política irresponsable del Ministerio de Economía y Finanzas que les ofrecen todas garantías para despojarnos. En realidad como podrán ver no simpatizo con los buscadores de tesoros.

 

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