Epílogo: El Evangelio del Apóstol J. Pablo es el Evangelio de Jesucristo. Cuando estás cansado lector, cuando estás en desacuerdo con lo que te rodea, cuando estás desesperado y te sientes profundamente deprimido y despreciado, acuérdate, tan sólo un momento de las hermosas semanas de Pascua de Resurrección, cuando estabas alegre y regocijado como todo un niño sin problemas. ¡Si las olvidas no volverán más! Todavía estoy contigo. He resucitado. Pusiste sobre mí tu mano, admirable se ha mostrado tu sabiduría en mi creación.
¡Oh Señor!, vos habéis hecho pruebas de mí, y me tenéis bien conocido. Vos sabéis cuánto hago, ora orando. Gloria Patria. He resucitado. ¡Oh! Dios, que en este día, Pascua de Resurrección, hecho por Dios, nos abristéis la entrada a la vida eterna, a la buenaventuranza por la victoria que vuestro Hijo consiguió de la muerte. Oid favorablemente nuestros votos que Vos mismo nos habéis inspirado por vuestra gracias. Por el mismo Jesucristo.
El Evangelio de este amigo fiel de Cristo nos hace ver que lo predicado por él, no es conforme al gusto de los hombres; él no lo recibió, ni lo aprendió del hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. El nos revela que según las escrituras , el Señor murió por nuestros pecados, que fue sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos. Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado.
Nuestra Parroquia Señora de Guadalupe, Calle 50, 71-69 celebra el magno acontecimiento, con entusiasmo y gran fervor eucarístico, rinde homenaje a Cristo resucitado, nuestro Cordero Pascual.
Hermanos cristianos: no seamos arrogantes y soberbios contra Cristo nuestro Señor. Comprendamos nuestro comportamiento para poder emitir un juicio contra él.
¿Hasta dónde pensamos llegar con las intrigas, desconfianzas, incertidumbres e ignorancia? Reflexionemos mil veces; estamos a tiempo de salvarnos.