La vida del ser pensante involucra una serie de elementos asociados, escala de toda una suerte de situaciones emocionantes y otras aflictivas que inciden en nuestros comportamientos. Todo en el diario existir está regido por tutores ejecutivos que regulan los gobiernos de las masas orgánicas e inorgánicas sobre la faz del planeta. ¿Qué somos los seres vivos organizados, sino entes regulados?
La regulación es un orden, y de no existir, somos alimentos ineludibles de las enfermedades. El aire, el agua y la tierra también soportan sus controles y cuando ellos se desquician sobreviene la catástrofe. Podemos afirmar a ciencias ciertas que todo está sujeto a cambios y que una metamorfosis continua avasalla nuestras células. La vida es cambiante y a menudo está engendrando nuevos hechos, que a posteriori tendrán la oportunidad de ser explicados conforme a nuevas leyes. Somos seres orgánicos, pero regidos de forma unipersonal, porque tenemos una mente gobernante, ajustada a la razón. El grupo animal huye cuando siente que sus vidas están en peligro, actúan basados en la fuerza instintiva irreemplazable.
El hombre posee un equipo psicomotor sumamente pulido, agresivo y calculador: la razón, que lo convierte en el digno ejemplar de la creación. La vida es un absurdo, pero con delicias, soportado en un aparato de forma geométrica en cumplimiento fusionado con la lógica denominado inteligencia, cuya función es la de registrar y poner en claro ese absurdo radical de la existencia. Sin ese aparato detector viviríamos simplemente como irracionales, sintiéndonos vivir, pero sin saber que vivimos, lo cual ciertamente no es vivir. Debo aclarar, el irracional vive, el racional conoce el porqué vive y para qué vive. La razón es una cualidad inmanente, causal integral que pertenece a la especie, al hombre en general. La razón admira y admite humildemente y de forma reverencial lo irracional.