Nadie conoce mejor la geografía nacional que nuestros músicos. Si se suma todo el recorrido que han realizado durante sus carreras artística pueden batir cualquier récord, incluso superarían por distancia al Papa Viajero, su Santidad Juan Pablo II (Q. E. P. D. ).
Se imagina usted los lugares que en nuestro país ha visitado, por ejemplo, Dorindo Cárdenas, el más veterano de los músicos típicos de Panamá actualmente activo.
PERIPLO
Cada viaje es una pequeña aventura. Se lo decimos por experiencia propia. Desde 1990 y hasta 1993 nos desempeñamos como presentadores (animador o luctor) en la agrupación Canto a Panamá de Eric Cedeño, hoy convertido en evangélico.
Tuvimos la oportunidad de conocer muchos lugares entre los que podemos citar: El Giral y Nuevo Tonosí en Colón , Llano Marín de Penonomé, La Cacica de Tonosí, La Palma de Las Tablas y Guararé en la provincia de Los Santos. Desde luego muchos lugares de la capital de Panamá y cercanos a ellos. También algunos sitios de la provincia de Chiriquí como los terrenos de la Feria de La Candelaria.
Pero de estas “giras musicales” las que más recordamos fueron una en Cuipo de Colón, Isla de Chepillo y Alto Quiel de Renacimiento en Chiriquí.
VIVENCIAS
Si hay que hablar de un baile malo que recordemos fue en Cuipo de Colón, comunidad cercana al Canal de Panamá y muy lluviosa. Viajamos casi cuatro horas. El día de la presentación llovió hasta pescado. El baile quedó tan malo que de a cuento bailaron cinco parejas. La paga no salió ni a “cuara” para cada integrante del grupo.
Uno de los sustos grandes de nuestra vida lo pasamos en una fiesta de la Santa Cruz los días 3 y 4 der mayo en la Isla de Chepillo en la desembocadura del Río Bayano. Equipos, personas, maletas y otros motetes fuimos transportados en unas canoas con motor fuera borda. El susto es que también ese día se mandó un soberano chubasco. Las aguas se presentaban turbias y daba miedo que se volcara la embarcacion en esas aguas donde no dejan de haber cocodrilos con filosas hileras de dientes.
El susto valió una buena recompensa por la hospitalidad de los pobladores de la isla que nos atendienron a las mil maravillas, incluido sabrosos menús, en los que no faltaron los espaguetis, pollo y deliciosos camarones.
Alto Quiel queda metido por allá casi llegando a Costa Rica. Lejos, lejos. Hasta allá casi quince horas de viaje desde la capital. Y adivinen, también llovió a cántaros esa vez. Frío que cala hasta la médula de los huesos. El bus que nos trasnportó se quedó hasta donde llegaba el camino bueno. Lo demás era lodo y tuvimos que subir una loma lodosa en un auto doble tracción con cadenas en las llantas. Intentaba subir y se regresaba.
Eso sí, el baile quedó buenísimo, lleno hasta el tope. En fin, las experiencias vividas en un conjunto musical son muchas.