REFLECTOR
Un chico normal
El Vidajena
Luis Carlos es un chico normal,
ni feo ni bonito, ni alto ni bajo, ni rico ni pobre, normal estudiante de
una universidad pública, hijo de una familia de clase media, y nada
sobresaliente en los estudios caminaba por los pasillos de su alma mater
cuando de pronto vio a esta escultural guial.
Una rubia de cabellos rizados, busto perfecto, cintura pronunciada, en
pocas palabras una guial con las medidas perfectas 90-60-90, alta y por
supuesto elegante, muy bien vestida y llena de vida, el man quedó
babeándose, sus ojos se salían y suspiraba.
La guial, que vio los efectos que causaba en el buay le dijo ¡hola!
Y el chico no podía hablar, gagueando le contestó hooolaaaa,
cómooo te llamasss, ni nombre es Bárbara, contestó
la guial, ¡gua! el nombre te queda perfecto, dijo reponiéndose
de la impresión, yo soy Luis Carlos.
Y así se conocieron un rato y después, el man estaba decidido
a conquistar a tremenda hembra, le echó toda la caballería,
le contó que era estudiante de ingeniería civil y exageró
un poco en los ingresos que tenía su familia.
La Bárbara por su parte, con su voz ronca le hacía una
fiesta de todos sus chistes y se dedicaba a escuchar, ya que de su vida
no soltaba ni media palabra, el buay cansado de hablar la invitó
a tomarse unos tragos, a lo que la guial aceptó.
El tipo continuó tirando para home, y la verdad es que cuando
ya estaba pasadito en tragos, la invitó a un push botton; la guial
sonrió y le dijo, ¡oh papi, tú si que eres de verdad,
no sé que tienes, pero estoy dispuesta a hacer de todo contigo, pero
no tengo dinero y necesito que me tires la toalla.
La Bárbara y el buay se fueron para la casa rosada y entre risitas
y rochin, el man comenzó a tocar lo que quería que fuera suyo,
y tocó un poco abajo, y la sorpresa lo dejó clarito, tocó
nuevamente y zas, sacó la mano y le metió un gancho de izquierda
a la chichi.
¡Que va papá!, la Bárbara era un bárbaro...
¿Cómo pudiste hacerme eso, tantos hombres y me escoges a mí,
para semejante trampa, qué te pasa?, le preguntaba Luis Carlos mientras
lo golpeaba a diestra y siniestra.
Yo no te dije nada, fuiste tú el que te quedaste loquito al verme,
y te comportaste como si nunca hubieras estado con una mujer, con este cuerpo
que tengo, ni siquiera notaste la diferencia, no tienes derecho a quejarte,
así que toma tu merecido y se embolillaron.
El ruido hizo que el guardia de seguridad del local entrara y luego de
recibir varios golpes y tatequietos, logró separarlos mientras los
curiosos, se preguntaban qué pasaba, llegaron los agentes del orden
público y los llevaron a la corregiduría.
El corregidor preguntó qué pasó y la historia se
repitió enterita, a Luis Carlos se le veía la cara de vergüenza
y la Bárbara sonreía, ¡cada vez me visto mejor señor
corregidor, y en todo caso, yo fui la seducida, porque él, quiso
gozar con esta despampanante rubia en una casa de citas.
En resumen, ambos manes tuvieron que pagar los daños y ahora Luis
Carlos volvió a ser un tipo normal, y cuando sale con una guial trata
de tocar primero, aunque se gane pescozones.

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| Una rubia de cabellos rizados, busto perfecto, cintura pronunciada, en
pocas palabras una guial con las medidas perfectas 90-60-90, alta y por
supuesto elegante, muy bien vestida y llena de vida, el man quedó
babeándose, sus ojos se salían y suspiraba. |
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