|
El presidente George W. Bush designó ayer jueves al conservador John P. Walters como director de política antidrogas.
Bush, al hacer el anuncio durante una ceremonia en la Casa Blanca, prometió prestar "atención sin precedentes" para ayudar a los adictos estadounidenses a obtener tratamiento médico.
El presidente nombró a Walters como jefe de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas. Asimismo anunció una serie de evaluaciones sobre la política contra las drogas y negó categóricamente la idea de legalizarlas.
"La única respuesta humanitaria y compasiva hacia el uso de drogas es el rechazo moral contra su aceptación", dijo Bush. "La legalización de las drogas sería una catástrofe social...socavaría por completo el mensaje de que el uso de las drogas es errado".
Walter, conocido por su posición enérgica contra la drogas, dijo que espera "proteger a nuestras propias comunidades de los devastadores efectos del consumo de drogas".
"Nuestro país ha logrado grandes progresos en la reducción del consumo de drogas en el pasado, y volverá a hacerlo", dijo Walters.
Bush ordenó a John D'Iulio Jr., que encabeza los esfuerzos de la Casa Blanca para abrir programas federales a grupos religiosos comunitarios, para que conduzca una revisión de las relaciones entre el gobierno y las organizaciones locales que realizan labores antidrogas.
Bush pidió al secretario de Salud y Servicios Humanos Tommy Thompson que realice una evaluación, estado por estado, sobre las necesidades actuales del tratamiento contra la adicción, y al secretario de Justicia, John Ashcroft para que estudie medidas que eliminen el consumo de drogas en las cárceles, como pruebas médicas para aquellas personas que estén en libertad condicional o bajo palabra.
"El presidente cree que para que esta labor sea satisfactoria, debe ser multifacética, debe ocuparse tanto de la oferta como de la demanda", dijo el vocero de la Casa Blanca Ari Fleischer.
El nuevo director ha hecho hincapié en la importancia de las sanciones penales para consumidores de drogas y se opone al uso de la marihuana con fines médicos. Además favorece el programa de certificación antidrogas según el cual las naciones son juzgadas por sus esfuerzos antinarcóticos. Este programa ha sido un punto delicado en las relaciones entre México y Estados Unidos. |