Siento un comentario de boca a oído al entrar a cualquier establecimiento comercial; los parroquianos que concurren a éstos sitios se quejan de las frecuentes alzas de precios que sufren los artículos de primera necesidad. Se me turban las ideas, cerradas son las puertas del pensamiento, afrontando ciertos trastornos patéticos embarazando mis conocimientos, paralizando momentáneamente las funciones mentales. Todos esto ocurre porque me secuestra la incompetencia de poder explicar para dónde vamos. En el clímax del asombro, perdido los cuatro puntos cardinales, frente a los enredos cumbres engendrados por una sociedad desgastada y desorganizada, caminando sin distancia equidistante.
Todo esto se torna en tenso como al aire puro capturado por el monóxido de carbono. Caprichosamente pienso si todo sube como claramente se concibe qué podemos comer en el futuro no lejano. Pero ponerle el cascabel al gato en esta intransigencia cuan difícil es, porque es mejor ver los toros desde la barrera que salir a lidiarlos en la faena.
Por la medida de libre oferta y demanda jamás me he interesado en comprenderla, no sé quién la trajo aquí jalada de los cabellos. En Panamá todo el mundo quiere subir el precio de los artículos o de los servicios y los sueldos son subterráneos. Ahora toda persona desea andar en avión, nada de autos, ni barcos. Subir, subir, subir, esa es la entelequia exagerada. Muchas veces me veo obligado a pensar que esta gente no tiene el corazón al lado izquierdo del pecho, sino en el derecho y esto ya es cuestión de moral y de cultura.
Hace pocos días vi que un número singular de pequeños comerciantes estaban trabajando con pesas alteradas a su favor y yo me pregunto ¿A quiénes les venden? A los otros pobres que andan arañando para poder comer. Hoy viene un nuevo aumento a doblarnos la cerviz, la luz, con un buen argumento sostenido en las manos; los que gastan menos de 200 kilovatios serán exonerados de su incremento, ¿Cómo se ha comportado el gráfico de consumo eléctrico últimamente? ¿Y sus repercusiones secundarias? ¿Cuánto ríos tenemos? ¿Cuántas hidroeléctricas hay? ¿Cómo van los salarios? ¡Ah! preguntas sin respuestas.